Señor, escribe en mi frente

y en mi corazón

el signo sagrado de la caridad.

Ábreme los ojos y el corazón

a las miserias de mis hermanos;

que mi vida se arda

como altísima hoguera,

delante de Ti, ¡oh Jesús!

¡Vida ardiente!

Hazme un brasero, destellante de luz.

Vivir de luz.

Arrodillado con toda mi miseria,

yo me presento, llorando,

delante de tu misericordia,

¡Oh Señor!

que has muerto por nosotros,

Señor, no soy digno,

pero tengo necesidad de tu gozo,

un gozo casto, un gozo que extasía,

que nos transporta a la paz,

por encima de nosotros mismos y de todas las cosas:

¡gozo inmenso!

El alma ha decidido vencer todo

para ascender y unirse a Dios:

es el gozo de la humildad.

La caridad tiene sed de acción:

es una actividad que sabe de lo eterno y de lo divino.

La caridad no puede estar ociosa.

Nosotros morimos en Dios y vivimos en Dios.                                                      S. Luis Orione, escrito 31 agosto 1931;  Don Orione nella luce di María, Roma,1969, p. 2164

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