LANZADOS AL INFINITO

11/01/2017

Los santos son grandes
porque habiendo visto en el Señor,
su propia grandeza,
se juegan por Dios, como hijos suyos,
todas sus cosas.
Dan sin pedir nada a cambio.
Dan la vida, el alma, la alegría,
todo vínculo terreno, toda riqueza.
Libres y solos, lanzados al infinito
esperan que el amor los introduzca
en los reinos eternos; pero, ya en esta vida,
sienten llenarse el corazón de amor,
del verdadero amor, del único amor
que sacia, que consuela,
de ese amor que rompe los párpados del alma
y da lágrimas nuevas.
¡Ah! Ningún hombre sabe lo que es un santo.
Ha dado y ahora recibe;
y un flujo continuo pasa entre cielo y tierra,
une la tierra al cielo
y fluye del abismo
ebriedad única, linfa celestial,
que no se detiene en el santo, 
sino que pasa sobre los cansados, los mortales,
los ciegos y paralíticos del alma,
y traspasa y rocía, alivia, atrae y salva.
Si quieres conocer el amor, preguntárselo al santo.
Chiara Lubich 
Fonte: "La dottrina spirituale», Mondadori 2001

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