El cardenal Mario Zenari habla con conocimiento de causa. Nuncio apostólico en Damasco desde 2004, jamás abandonó su misión. Ni siquiera cuando arreciaba la lluvia de morteros. Sus palabras resumen un panorama trágico. Tras siete años de conflicto, las víctimas superan el medio millón. Y aunque una precaria estabilidad regresó a diversos poblaciones, en no pocas aún se combate. Mientras tanto, en medio de un inexplicable silencio mediático, la Iglesia católica ha destinado a esa zona de crisis más de 1.000 millones de dólares en ayuda humanitaria.

Para el español Alberto Ortega Martín, nuncio apostólico en Irak y Jordania, los cristianos quieren seguir ofreciendo su aporte a la paz y a la reconciliación.

«Es como un nuevo inicio que hay que sostener y mantener, puede ser la ocasión para que otra gente que no había pensado en regresar pueda plantearse el hacerlo. Irak y Jordania son tierras muy especiales, tierras santas y sería una pena que desapareciera la presencia cristiana en estos lugares. Es importante que regresen y sigan aportando su contribución para el bien del país, que merece una situación distinta a la de ahora»

Foto: unos niños llevando bidones de agua a las afueras de Damasco. AFP Photo/Louai Beshar.

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