El cristianismo no es la religión del miedo sino del amor al Padre.

"No han recibido un espíritu de esclavos para caer en el temor, sino que han recibido el Espíritu que nos hace hijos adoptivos, a través del cual gritamos: "¡Abba! ¡Padre! " (Rom. 8,15). El cristianismo no es una religión del miedo, sino de la confianza y del amor al Padre que nos ama. Estas dos afirmaciones densas nos hablan del envío y de la recepción del Espíritu Santo, el don del Resucitado, que nos hace hijos en Cristo, el Hijo unigénito, y nos coloca en una relación filial con Dios.Tal vez el hombre moderno no percibe la belleza, la grandeza y el profundo consuelo contenidos en la palabra "padre" con la que podemos dirigirnos a Dios en la oración, porque la figura paterna a menudo hoy no está suficientemente presente, y a menudo no es suficientemente positiva en la vida diaria. La ausencia del padre, el problema de un padre no presente en la vida del niño es un gran problema de nuestro tiempo, por lo que se hace difícil entender en profundidad qué significa que Dios sea Padre para nosotros. 

Benedicto XVI.




POR LA FRATERNIDAD – 12 de MAYO

  Juntos por Europa y Run4Unity, dos eventos que se celebrarán el 12 de mayo, destinados a construir un mundo más fraterno.

 

Juntos por Europa es la expresión de un camino que recoge múltiples actividades de comunidades y movimientos cristianos encaminados a favorecer la reconciliación, la paz y la fraternidad en el continente europeo. En España –igual que en todos los países europeos- también se viene desarrollando desde 2004.

 

La jornada Juntos por Europa del próximo 12 de mayo, contará con un evento central en Bruselas, en el Square Meeting Centre. Será una jornada que se multiplicará en cientos de ciudades europeas, entre las que destacamos las que se celebrarán en España:

 

Madrid. Retransmisión del evento central de Juntos por Europa desde Bruselas. De 16:30 a 18:30 h en los Salones de la Parroquia de Nuestra Señora de Aluche (C/ Camarena, 149).

Murcia. Acogida a las 10:45 h., comenzando el programa a las 11 h. Hasta las 18:30 h. En el Colegio de Jesús María (Avda Alfonso X el Sabio).

San Sebastián. Se podrá seguir en directo el evento central de Bruselas. Desde las 16 h. en la Sala Idatz (C/ Urdaneta).

Sevilla. De 11 a 18:30 h. en el Seminario Metropolitano de Sevilla (C/Cardenal Bueno Monreal).

Valencia. Desde las 11 hasta las 18:30 h. En el Colegio El Armelar – Institución Teresiana (Km. 5 de la Pista Ademuz -46980 – Paterna).

 

Este año, los Chicos por la Unidad -los adolescentes del Movimiento de los Focolares- han querido realizar la tercera edición de su cita Run4Unity el mismo día, 12 de mayo. Iniciativa de ámbito mundial para la fraternidad universal, el Run4Unity se asocia, de este modo, en los distintos países europeos a las finalidades y al sueño que subyace a Juntos por Europa.

 

A través de eventos solidarios o deportivos, con Run4Unity los Chicos por la Unidad quieren decir su ‘SÍ’ a la solidaridad, a la fraternidad y a la paz, comprometiéndose activamente para construirla. Recorrerán el mundo entero en un evento que comenzará en las Islas Fidji a las 15 h., hora local, y se irá difundiendo por el resto del mundo, siempre de 15 a 16 h.

 

España también será recorrida por este ciclón juvenil y solidario:

 

Barcelona. En Parc de l’Estació del Nord. De 11 a 14 h.

             Burgos. La cita es a las 12:30 en el colegio de San Pedro y San Felices. La hora de la carrera será de 15:00 a 16:00 por todo el centro histórico de Burgos, pasando por la Catedral, el Castillo,… Se contará con la presencia del burgalés Jorge Aubeso, seis veces campeón de España de 100 kilómetros.

            Castell d’Aro (Girona). En Parc de Can Nitus. De 10:30 a 14 h. El precio de la inscripción es un kilo de comida no perecedera que se dona a Cáritas.

Madrid. En las Escuelas Pías (C/ Ocaña, 191 – Aluche). De 13:30 a 19 h.

Sevilla. De 11 a 18:30 h. en el Seminario Metropolitano de Sevilla (C/Cardenal Bueno Monreal).

Valencia. Desde las 11 hasta las 18:30 h. En el Colegio El Armelar – Institución Teresiana (Km. 5 de la Pista Ademuz -46980 – Paterna).

Más información en: , y




“MARÍA” DEL GRUPO INTERNACIONAL GEN VERDE

Durante la primavera el grupo internacional Gen Verde estará de tournée por los escenarios de toda España; concretamente, en Madrid será el 27 y 28 de Abril en el Teatro Buero Vallejo (Alcorcón).
Gen Verde llevará a cabo este espectacular montaje desplegando todo su buen hacer sobre el escenario para darnos a conocer esta «Figura de mujer que fascina y trasciende todas las épocas, su historia difuminada en la nuestra. Un retrato de gran impacto emotivo, capaz de llegar de inmediato a la mente y al corazón.
Narración y recuerdo, poesía y vida concreta, colores acentuados por el drama y la fiesta con transparencias de ternura y maravilla.
Un sugestivo ir y venir de textos, movimientos, sonidos, vestuario, colores e imágenes que se tiñen de tradición clásica y popular, que van desde el perfume étnico a tiempos remotos, hasta llegar al presente vivo y apremiante.
La escena evoca una casa: primero la de Nazaret, que refleja una vida hecha de amor concreto, impregnada de servicio y fortaleza, de inventiva y audacia. Después sus paredes se extienden a todo el mundo, en donde el amor a la madre común acerca a los pueblos entre sí y los hace cada vez más hijos, más hermanos. Al final se entra en nuestras casas, la de cada uno y la de todos, donde María revive hoy en un sin fin de rostros, historias, mundos, corazones y derrama una luz de esperanza incluso en las situaciones más difíciles».

GEN VERDE
Gen Verde, 21 mujeres de 12 nacionalidades, con algo que decir y dar, con la sonoridad de sus diferentes países de origen y la originalidad de sus diversas culturas.

Con sede en Loppiano (Florencia-Italia) ciudadela internacional del Movimiento de los Focolares, donde se formó el Gen Verde en el 1966, cuando un grupo de chicas recibieron el regalo de Chiara Lubich. Una batería verde. Así, con el color de su primera batería junto a la sigla «Gen» – generación nueva – trabajan, desde el ámbito artístico, en la realización de la unidad entre hombres y pueblos, dialogando con todos, más allá de las diferentes religiones, edades, culturas y convicciones políticas, en un proyecto de «fraternidad universal».

Este empeño de vida y trabajo, junto a una experiencia de más de 40 años en el mundo del espectáculo (con más de 130 integrantes a lo largo de este periodo), las diversas expresiones artísticas más allá de la internacionalidad, son las particularidades que hacen del Gen Verde un grupo de características únicas.

1300 espectáculos para millones de espectadores en toda Europa, Asia y América. Manifestaciones internacionales en el Parlamento Europeo de Estrasburgo y ante la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. En los teatros y en los estadios, en las cárceles y en las escuelas.

Conciertos y tournées internacionales en los años 70, con espectáculos globales en los años 80 y 90 (El mundo, una casa – Mil caminos de luz – Gente del 2000) y con los musicales «Primeras páginas» (1996) y «El tapiz que cubre el mundo» (2005).En 2009 el concierto «Rapsodia», llegando así al 2011 con el espectáculo «María».

Todo ello sintetizado en más de 60 álbumes en 9 lenguas.




NOS HABLAS, JOSE…

Con tu silencio como respuesta

y con tus pisadas, suaves y humildes,

nos muestras el camino de la fe.

Con tu silencio, obediente y puro,

hablas, más que con palabras, con tus propias obras.

¡Sí; José!

Acercarse a tu pecho es sentir el rumor de Dios

saber que, en la soledad y en la prueba,

es donde se demuestra la grandeza que presumimos

la verdad o la mentira de lo que somos.

Nadie como Tú, José, habló tanto en imperceptibles palabras:

Tu vida fue un canto a la obediencia

Tu caminar se convirtió en letra impresa

Tu sendero marcó un antes y un después

para los que, como Tú, queremos seguir dejando huella.

¡NOS HABLAS, JOSÉ!

Desde la bondad frente a tanto odio

Desde la fe ante las dudas que nos rodean

Desde el silencio cuando el ruido nos atenaza

Desde la responsabilidad

cuando caemos bajo el peso de nuestras fragilidades

¡NOS HABLAS, JOSÉ!

En sueños que, mirando al cielo, se convierten

en destellos divinos.

En sueños que, mirando a la tierra,

nos empujan a ser decididamente rectos

En sueños que, en las noches oscuras,

disipan preocupaciones y horas amargas.

¡NOS HABLAS, JOSÉ!

Sin elocuencia pero con la verdad de tu vida

Sin ruido pero con la decisión de tu cayado

Sin, subidas o bajadas de ángeles,

pero con los pies en la tierra

Sin riqueza en tu hogar ni monedas en tu túnica

pero con el tesoro inmenso de tu fe sin límites.

¡Sí! ¡Así nos hablas, José!

Toda tu vida es páginas por escribir

de alguien que ya habló con su propia existencia.

Amén
 
Extraido de:



… para amar. Cuarema 2012

LA CUARESMA  EN POSITIVO
 



«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras»

Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2012

                                                                                                                                            Miércoles de Ceniza, 22 de febrero de 2012

Queridos hermanos y hermanas
La cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.
Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza valiosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.
1. "Fijémonos": la responsabilidad para con el hermano.
El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse ajenos, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado recíproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. Enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).
La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico Epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta ( 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.
El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein— es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.
2. "Los unos en los otros": el don de la reciprocidad.
Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.
Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).
3. "Para estímulo de la caridad y las buenas obras": caminar juntos en la santidad.
Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.
Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).
Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.  
 Benedicto XVI