NOS HABLAS, JOSE…

Con tu silencio como respuesta

y con tus pisadas, suaves y humildes,

nos muestras el camino de la fe.

Con tu silencio, obediente y puro,

hablas, más que con palabras, con tus propias obras.

¡Sí; José!

Acercarse a tu pecho es sentir el rumor de Dios

saber que, en la soledad y en la prueba,

es donde se demuestra la grandeza que presumimos

la verdad o la mentira de lo que somos.

Nadie como Tú, José, habló tanto en imperceptibles palabras:

Tu vida fue un canto a la obediencia

Tu caminar se convirtió en letra impresa

Tu sendero marcó un antes y un después

para los que, como Tú, queremos seguir dejando huella.

¡NOS HABLAS, JOSÉ!

Desde la bondad frente a tanto odio

Desde la fe ante las dudas que nos rodean

Desde el silencio cuando el ruido nos atenaza

Desde la responsabilidad

cuando caemos bajo el peso de nuestras fragilidades

¡NOS HABLAS, JOSÉ!

En sueños que, mirando al cielo, se convierten

en destellos divinos.

En sueños que, mirando a la tierra,

nos empujan a ser decididamente rectos

En sueños que, en las noches oscuras,

disipan preocupaciones y horas amargas.

¡NOS HABLAS, JOSÉ!

Sin elocuencia pero con la verdad de tu vida

Sin ruido pero con la decisión de tu cayado

Sin, subidas o bajadas de ángeles,

pero con los pies en la tierra

Sin riqueza en tu hogar ni monedas en tu túnica

pero con el tesoro inmenso de tu fe sin límites.

¡Sí! ¡Así nos hablas, José!

Toda tu vida es páginas por escribir

de alguien que ya habló con su propia existencia.

Amén
 
Extraido de:



… para amar. Cuarema 2012

LA CUARESMA  EN POSITIVO
 



«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras»

Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2012

                                                                                                                                            Miércoles de Ceniza, 22 de febrero de 2012

Queridos hermanos y hermanas
La cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual.
Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como sumo sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (v. 25). Me detengo en el versículo 24, que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza valiosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal.
1. "Fijémonos": la responsabilidad para con el hermano.
El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12,24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6,41). Lo encontramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3,1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse ajenos, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado recíproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El Siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. Enc. Populorum progressio [26 de marzo de 1967], n. 66).
La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119,68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista Lucas refiere dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen Samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf. Lc 10,30-32), y en la del rico Epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta ( 16,19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre, el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29,7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5,4), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza.
El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9,8ss). Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18,15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein— es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5,11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6,1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24,16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1,8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.
2. "Los unos en los otros": el don de la reciprocidad.
Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14,19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15,2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10,33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana.
Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de caridad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12,25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación del único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos que alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16).
3. "Para estímulo de la caridad y las buenas obras": caminar juntos en la santidad.
Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12,31-13,13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4,18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4,13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras.
Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para el cumplimiento del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc12,21b; 1 Tm 6,18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte [6 de enero de 2001], n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12,10).
Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la Bendición Apostólica.  
 Benedicto XVI




«La libertad está en nosotros»

Día 26 de enero, jueves

Cine Alcalá Artesiete

Dirección Centro Comercial Alcalá Norte,  C/Alcalá, 414

Cómo llegar Mapa

Transporte Metro Ciudad Lineal L5. Bus 4, 38, 48, 70, 77, 104, 105 y 109

Horarios 16:00 h, 18:15 h. y 20:30 h

Se llama La libertad está en nosotros y es un inteligente, respetuoso y apasionado alegato en favor de la libertad religiosa. Su protagonista es Jerzy Popieluszko, polaco, sacerdote, contemporáneo de Juan Pablo II, capellán del sindicato Solidaridad, héroe para sus conciudadanos, paradigma católico de la lucha contra la tiranía, mártir y beato. El Padre Popieluszko fue torturado y asesinado por el Gobierno comunista polaco y casi 30 años después, su vida en forma de película llega a España de la mano de otra institución ejemplar, Ayuda a la Iglesia Necesitada, que patrocina el pre estreno. La recaudación de este preestreno se destinará a la campaña que Ayuda a la Iglesia Necesitada está llevando a cabo en India bajo el lema Con los católicos de India, país en el que, como en la Polonia del Padre Popieluszko, los creyentes se han convertido en  mártires.

       Del Padre Popieluszko dijo Juan Pablo II:

«Es el patrono de nuestra presencia en Europa a causa del ofrecimiento de su vida, así como Cristo; como Cristo tiene el derecho de ciudadanía del mundo, tiene el derecho de ciudadanía de Europa, puesto que dio la propia vida por todos nosotros.»

Y aquí tienes un trailer de la película:
 




POPIELUZSKO, LA LIBERTAD ESTÁ ENTRE NOSOTROS

Preestreno del filme sobre el mártir polaco en favor de Ayuda a la Iglesia Necesitada


Popieluzsko, la libertad está entre nosotros, es el título de la película que será objeto de un preestreno benéfico en cinco ciudades españolas.

Esta película, que ya ha sido vista por más de 1,3 millones de espectadores, en Polonia, cuenta la historia real de un sacerdote polaco mártir, beatificado el 6 de junio de 2010, y de muchos católicos de a pie que supieron jugarse todo por sus convicciones creyentes y sus aspiraciones de justicia y libertad.

El padre Jerzy Popieluszko, beatificado por Benedicto XVI en 2010, nació el 14 de septiembre de 1947 en el seno de una familia humilde, en un pequeño pueblo del nordeste de Polonia. Con precaria salud, resistió, siendo seminarista, la dura "reeducación socialista" a la que eran sometidos todos los seminaristas durante los dos años de servicio militar obligatorio. Allí se convirtió en un líder espiritual y moral entre sus compañeros seminaristas.

Tras su ordenación en 1972, acompañó a los estudiantes de medicina de Varsovia como capellán, y al personal sanitario como sacerdote responsable en la diócesis de Varsovia. Fue miembro del Consejo Nacional para la Pastoral de la Salud. A partir de agosto de 1980 comenzó su trabajo apostólico con los obreros, acompañando activamente a los trabajadores del recién creado sindicato obrero católico Solidarnosc (Solidaridad) en sus protestas.

Los obreros de la empresa siderúrgica más importante de Varsovia se unieron solidariamente a los astilleros de Gandsk y pidieron al primado Wyszynski, que les enviara un sacerdote para que celebrara el domingo la misa a los obreros encerrados. Se encomendó esta labor pastoral al padre Popieluszko, de 33 años. Organizó catequesis para los obreros; asistió a los procesos penales contra los dirigentes del sindicato Solidaridad; aseguró la protección a sus hijos y a sus familias y organizó para ellos otros servicios. Su casa era lugar de encuentro y de reunión para los obreros perseguidos, los que sufren, y las víctimas de la represión comunista.

A partir de enero de 1982, organizó las llamadas «Misas por la Patria», ofreciendo en sus homilías indicaciones de orden espiritual y moral en respuesta a los problemas sociales, políticos y morales del momento. Ofrecía una respuesta de fe ente las injusticias, las torturas y la violación de los derechos humanos fundamentales, ante el ateísmo y la inmoralidad impuestos, ante el sometimiento y la violencia que sufría el pueblo. Se convertía, así, en uno de los líderes espirituales y morales más representativos de la resistencia de Polonia al comunismo.

El padre Popieluszko fue brutalmente asesinado el 30 de octubre de 1984. A su entierro asistieron el primado de Polonia, numerosos obispos, más de mil sacerdotes, diplomáticos y más de trescientos mil compatriotas, entre ellos Lech Walesa y los representantes de Solidaridad, declarado ilegal, llegados de toda Polonia.

Las ciudades de Barcelona, Toledo, Sevilla, Valencia y Madrid acogerán en los próximos días este preestreno nacional de la película Popieluzsko, la libertad está entre nosotros, que llegará a las salas comerciales de toda España el día 27 de este mes. El preestreno está organizado por la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) y por diferentes entidades de las ciudades que acogen el preestreno.

En Barcelona el preestreno será el próximo jueves 19 de enero; al día siguiente, en Toledo, mientras que Valencia y Sevilla lo acogerán el miércoles 25 y finalmente, en Madrid, será el jueves 26.

Los espectadores que asistan al preestreno en España de Popieluzsko colaboran a financiar proyectos pastorales que AIN lleva a cabo en el estado indio de Orissa.

Para saber más: 

Tomado de:    





Si estamos unidos, Jesús está entre nosotros

Si estamos unidos, Jesús está entre nosotros. Y esto vale. Vale más que cualquier otro tesoro que pueda poseer nuestro corazón: más que una madre, que un padre, que los hermanos, que los hijos.

Vale más que la casa, que el trabajo, que la propiedad; más que las obras de arte de una gran ciudad como Roma, más que nuestras ocupaciones, más que la naturaleza que nos rodea, con las flores y los prados, el mar y las estrellas; más que nuestra alma.
Él es quien, inspirando a sus santos con sus eternas verdades, hizo época en toda época.
También ésta es su hora: no la de un santo, sino la de él; de él entre nosotros, de él viviente en nosotros, que construimos –en unidad de amor– su Cuerpo místico.
Pero es preciso dilatar a Cristo, hacerlo crecer en otros miembros; hacerse como él, portadores del Fuego.
Hacer uno de todos y en todos, el Uno.
Vivamos momento a momento en la caridad la vida que él nos da.
El amor fraterno es el mandamiento básico. Por lo cual todo vale en tanto es expresión de sincero amor fraterno. Nada vale de todo lo que hacemos si en ello no se da el sentimiento de amor por los hermanos; porque Dios es Padre y tiene en su corazón siempre y sólo a sus hijos.

Chiara Lubich
(De La doctrina espiritual)