Vive sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir – CARITAS 2011

«Vive sencillamente para que otros, sencillamente, puedan vivir» es la propuesta que Cáritas lanza a la sociedad para este tiempo de Adviento y Navidad, dentro de la nueva Campaña Institucional de sensibilización 2011-12 que tiene como eje principal la propuesta de caminar juntos hacia un nuevo modelo social más humano, evangélico y justo. Se trata de una invitación a construir una sociedad nueva basada en la humanidad como una gran familia que se interpela y se cuestiona sobre la realidad de pobreza e injusticia que predomina en el mundo.

Vivir el Decálogo de la Sencillez

Con objeto de invitar a la reflexión acerca de lo que significa «vivir la sencillez», la campaña institucional 2011-12 de Cáritas propone  un cambio de nuestros estilos de vida basado en el Decálogo de la Sencillez:

1. Vivir la sencillez es no necesitar tener muchas cosas para ser feliz, no cayendo en el consumismo ni en las modas que nos obligan a comprar lo nuevo, lo último.

2. Vivir la sencillez es tener más alegría al dar, o al compartir, que al recibir, porque has descubierto el poder misterioso que tiene la palabra gratuidad.

3. Vivir la sencillez es vaciar el corazón de todas las cosas innecesarias que lo ocupan, y llenarlo del tesoro de la amistad, de la cercanía y del encuentro humano con los demás.

4. Vivir la sencillez es creer que tu valía y dignidad está en lo que eres como persona y no en lo que tienes o posición social que ocupas.

5. Vivir la sencillez es solidarizarte con tantas hermanas y hermanos de tu familia humana que viven injustamente en la pobreza y necesidad, y te movilizas e implicas porque no quieres vivir mejor que ellos.

6. Vivir la sencillez es poner tu confianza y seguridad no en el dinero o posesiones, sino en tus bienes espirituales, en tus convicciones y creencias, en tu Fe, en tus capacidades, en tu fuerza interior y en la de aquellos que te aman y aprecian.

7. Vivir la sencillez es trabajar para vivir y no vivir para trabajar.

8. Vivir la sencillez es disfrutar de los innumerables regalos que la vida, la Naturaleza, te ofrece constantemente cada día, y que pasan desapercibidos para la mayoría de gente.

9. Vivir la sencillez es respetar y cuidar de la Naturaleza con tu forma de vivir, reciclando, reutilizando, reduciendo el consumo innecesario.

10. Vivir la sencillez es utilizar tu dinero para que tú y tu familia podáis vivir con dignidad, y para que los demás también puedan vivir con dignidad si lo inviertes en banca ética y si te habitúas a exigir productos que provengan del comercio justo y del comercio local.

Nuevo ciclo de las campañas anuales de Cáritas

Durante los últimos tres años las campañas institucionales de Cáritas han querido proponer a la ciudadanía y a la comunidad cristiana la práctica de una serie de valores para hacer posible una sociedad con futuro. Esta Navidad, Cáritas inicia un nuevo ciclo de campañas donde, basándose el itinerario de los años anteriores, lanza la propuesta de hacer posible, entre todos, un nuevo modelo social y económico donde aterrizar esos valores de comunión, participación, diversidad, gratuidad, fraternidad y compromiso.




Entrega del premio Madre Teresa de Calcuta

Premio Madre de Teresa de Calcuta a la memoria de Chiara Lubich

ROMA, lunes 12 de diciembre de 2011 ().- Se entregó a la memoria de la fundadora del movimiento focolar, Chiara Lubich, el Premio Europeo por la Vida «Madre Teresa de Calcuta». La ceremonia de entrega tuvo lugar en el Campidoglio de Roma, el día que se celebraba el 63 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El acercamiento de estas dos extraordinarias figuras femeninas –Chiara Lubich (1920-2008) y la beata Teresa de Calcuta (1910-1997)- no es casual. Tanto la fundadora del movimiento de los Focolares, como la de las misioneras de la Caridad, inauguraron un nuevo modo de entender la fe en la segunda mitad del siglo XX, y un nuevo acercamiento de las mujeres a la Iglesia Católica y a la evangelización.

Ambas fueron también símbolos en la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural. Histórico fue el encuentro –evocado muchas veces durante el debate que precedió a la entrega del galardón–, en Florencia entre Lubich y la Madre Teresa el 17 de mayo de 1986, con ocasión del encuentro Antes que nada la vida.

(…)

Sobre el carisma de Chiara Lubich se detuvo, especialmente, el filósofo de derecho, Antonio María Baggio, recordando que la fundadora del movimiento de los Focolares tuvo siempre una idea de los derechos humanos rigurosamente enraizada en el principio de hermandad entre los hombres y en la común paternidad de Dios.

Como destacó Vincenzo Buonomo, docente de derecho internacional, Chiara Lubich era consciente de la universalidad de los derechos humanos, que según su visión, era algo que había que transmitir con la educación.

(…)

Por su parte, el alcalde de Roma, Gianni Alemanno, anunció la inminente dedicación a Chiara Lubich de una calle, destacando la importancia de los derechos humanos, como arquitrabe de una globalización que no esté fundada en el mercado ni en el beneficio sino que parta en primer lugar de los valores.

Recibió el premio «Madre Teresa de Calcuta» María Voce, actual presidenta del movimiento de los Focolares, de manos del cardenal Ennio Antonelli, presidente del Consejo Pontificio para la Familia.

El purpurado recordó que «la cultura de la muerte y la cultura de la vida son inseparables» y que, en este sentido, los ejemplos concretos de la madre Teresa y de Chiara Lubich son de alto nivel. Ambas eran conscientes de que la pobreza más grave era la ausencia de amor y que «las naciones más pobres son las que carecen del coraje de acoger una vida más».

(…)

Por Luca Marcolivio




GRACIAS PADRE

GRACIAS PADRE

Gracias Padre,
por todo cuanto me diste en el año que termina.
Gracias por los días de sol
y los nublados tristes;
por las tardes tranquilas
y las noches oscuras.
Gracias por la salud y la enfermedad
por las penas y las alegrías.

Gracias por todo cuanto me prestaste
y luego me pediste.
Gracias Señor por la sonrisa amable
y por la mano amiga,
por el amor y por todo lo hermoso
y por todo lo dulce.
Por las flores y las estrellas,
por la existencia de los niños y de las almas buenas.

Gracias por la soledad, por el trabajo, por las inquietudes,
las dificultades y las lágrimas.
Por todo lo que me acercó a Tí…

Gracias por haberme conservado la vida
y por haberme dado techo,
abrigo y sustento…

¿Que me traerá el año que empieza?
Lo que Tú quieras Señor.

Pero te pido
FE para mirarte en   todo,
ESPERANZA para no desfallecer y
CARIDAD para amarte cada día más




«¡Preparad el camino del Señor; abrid sendas rectas para él!» (Lc 3, 4)

Palabra de vida  –  Diciembre 2011

«¡Preparad el camino del Señor; abrid sendas rectas para él!» (Lc 3, 4)1.

En este tiempo de Adviento, tenemos una nueva «palabra» que estamos invitados a vivir. El evangelista Lucas la toma de Isaías, el profeta de la consolación. Los primeros cristianos aplican esta palabra a Juan el Bautista, que precedió a Jesús.
En este tiempo que antecede a la Navidad, al presentar precisamente al Precursor, la Iglesia nos invita a la alegría, porque el Bautista es como un mensajero que anuncia al Rey que está a punto de llegar. Se acerca el tiempo en que Dios cumple sus promesas, perdona los pecados y da la salvación.
«¡Preparad el camino del Señor; abrid sendas rectas para él!».

Si bien ésta es una palabra de alegría, también es una invitación a orientar de nuevo nuestra existencia, a cambiar radicalmente de vida.
El Bautista invita a preparar el camino del Señor, pero ¿cuál es ese camino?
Antes de salir a vida pública para iniciar su predicación, Jesús, anunciado por el Bautista, pasó por el desierto. Ése fue su camino. En el desierto, donde encontró una profunda intimidad con su Padre, también sufrió tentaciones, y de ese modo se hizo solidario con todos los hombres. Pero salió vencedor de ellas.
Es el mismo camino que vemos luego en su muerte y resurrección. Jesús, que recorrió su camino hasta el final, se hace Él mismo «camino» para nosotros, que estamos en camino.
Él mismo es el camino que debemos emprender para poder realizar hasta el fondo nuestra vocación humana, que es entrar en la plena comunión con Dios.
Cada uno de nosotros está llamado a preparar el camino a Jesús, que quiere entrar en nuestra vida. Para ello es necesario enderezar las sendas de nuestra existencia de manera que Él pueda venir a nosotros.
Es necesario prepararle el camino, eliminando los obstáculos uno a uno: los que pone nuestro modo limitado de ver las cosas, nuestra débil voluntad.
Hay que tener el valor de elegir entre un camino nuestro y su camino para nosotros, entre nuestra voluntad y su voluntad, entre un plan que nosotros queremos y el que su amor omnipotente ha pensado.
Y una vez tomada esta decisión, trabajemos para adecuar nuestra voluntad recalcitrante a la suya.
¿Cómo? Los cristianos realizados nos enseñan un método bueno, práctico e inteligente: ya, ahora.
En cada momento, quitemos una piedra tras otra para que en nosotros ya no viva nuestra voluntad, sino la suya.
Así habremos vivido la Palabra:
«¡Preparad el camino del Señor; abrid sendas rectas para él!».

Chiara Lubich
 

1) Palabra de vida, diciembre 1997, publicada en Ciudad Nueva nº 340.




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«Estad, pues, muy atentos, porque no sabéis ni el día ni la hora»

Palabra de vida
«Estad, pues, muy atentos, porque no sabéis ni el día ni la hora» (Mt 25,13).

Chiara Lubich 01/11/2011
Jesús acaba de salir del templo. Los discípulos le hacen notar con orgullo la grandiosidad y la belleza del edificio. Y Jesús: «¿Veis todo esto? Pues os aseguro que aquí no va a quedar pie-dra sobre piedra. ¡Todo será destruido!» (2). Luego, sube al Monte de los Olivos, se sienta y, mirando a Jerusalén delante de Él, empieza a hablar de la destrucción de la ciudad y del fin del mundo.
¿Cómo sucederá el fin del mundo? –le preguntan los discípulos– y ¿cuándo llegará? Es una pregunta que también se han planteado las generaciones cristianas sucesivas, una pregunta que se hace cualquier ser humano, pues el futuro es misterioso y a menudo da miedo. Hoy también hay quien pregunta a los adivinos e indaga en el horóscopo para saber cómo será el futuro, qué sucederá…

La respuesta de Jesús es cristalina: el final de los tiempos coincidirá con su venida. Él, el Se-ñor de la historia, volverá. Él es el punto luminoso de nuestro futuro.
Y ¿cuándo será este encuentro? Nadie lo sabe; puede suceder en cualquier momento, ya que nuestra vida está en sus manos. Él nos la ha dado y puede volver a tomarla de improviso, sin previo aviso. No obstante nos advierte: podéis estar preparados para este acontecimiento si sois vigilantes.

«Estad, pues, muy atentos, porque no sabéis ni el día ni la hora».

Con estas palabras Jesús nos recuerda sobre todo que Él vendrá. Nuestra vida en la tierra se terminará y empezará una vida nueva que ya no tendrá fin. Hoy nadie quiere hablar de la muerte… A veces hacemos lo que sea para distraernos, nos metemos de lleno en las ocupa-ciones cotidianas y llegamos a olvidar a Aquel que nos ha dado la vida y que nos la volverá a pedir para introducirnos en la plenitud de la vida, en la comunión con su Padre, en el Paraíso.

¿Estaremos preparados para el encuentro con Él? ¿Tendremos la lámpara encendida, como las vírgenes prudentes que esperan al esposo? Es decir, ¿estaremos en el amor? ¿O bien nuestra lámpara estará apagada porque, inmersos en las muchas cosas que hay que hacer, en las alegrías efímeras, en la posesión de bienes materiales, nos hemos olvidado de lo único necesario, que es amar?

«Estad, pues, muy atentos, porque no sabéis ni el día ni la hora».

Pero ¿cómo velar? Ante todo sabemos que vela bien precisamente el que ama. Lo sabe la es-posa que espera a su marido que llega tarde del trabajo o que debe volver de un largo viaje; lo sabe la madre que está intranquila porque su hijo todavía no ha vuelto a casa; lo sabe el enamorado, que no ve la hora de reunirse con su amada… Quien ama sabe esperar aunque el otro tarde.

Esperamos a Jesús si lo amamos y deseamos ardientemente el encuentro con Él.Y lo esperamos amando concretamente, sirviéndole, por ejemplo, en quienes tenemos cerca o comprometiéndonos a construir una sociedad más justa. El propio Jesús nos invita a vivir así en la parábola del siervo fiel que, mientras espera a su señor, se encarga de los criados y de los asuntos domésticos; y en la de los siervos que, en espera también de que vuelva su señor, se esfuerzan por sacar provecho de los talentos que han recibido.

«Estad, pues, muy atentos, porque no sabéis ni el día ni la hora».

Precisamente porque no sabemos ni el día ni la hora en que va a llegar, podemos concen-trarnos más fácilmente en el hoy que se nos da, en el afán de cada día, en el presente que la Providencia nos ofrece para vivir.

Hace tiempo me dirigí espontáneamente a Dios con esta oración que quisiera recordar ahora:

«Jesús,

Hazme hablar siempre
como si fuese
la última palabra que digo.
Hazme actuar siempre
como si fuese
la última acción que hago.
Hazme sufrir siempre
como si fuese
el último sufrimiento
que tengo para ofrecerte.
Hazme rezar siempre
como si fuese
la última posibilidad
que tengo aquí en la tierra
de conversar contigo».

1) Palabra de vida, noviembre 2002, publicada en Ciudad Nueva nº 393. 2) Mt 24, 2.