VOLVER A CASA

Volver a casa
En este período de descanso para buena parte del mundo, volvemos a proponer una reflexión de Chiara Lubich, publicada en julio del 2003, sobre una frase de Jesús “Vengan aparte, a un lugar solitario, y descansen un poco” (Mc 6,31).

De un árbol, admiramos su follaje y sus flores y esperamos sus frutos, pero esa vida al árbol le llega de las raíces. Es lo que sucede también con nosotros. Estamos llamados a dar, a amar, a servir, a crear relaciones de fraternidad, a trabajar para construir un mundo más justo. Pero se necesitan raíces, es decir, vida interior de unión con Dios, nuestra relación personal de amor con él, que motiva y alimenta la vida de comunión fraterna y el compromiso social. Es igualmente cierto que, el amor al otro, alimenta a su vez el amor a Dios y lo hace más vital y concreto, tal como la luz y el calor, a través de las hojas, fortalecen las raíces. Amor a Dios y amor al prójimo son expresiones de un único amor. También a nosotros Jesús nos repite lo que un día le dijo a sus discípulos, al verlos cansados por su entrega generosa a los demás. La vida interior y la vida externa son una raíz de la otra. (…)

En una ocasión escribí:
“…¡Señor!En el corazón te tengo,
tesoro que ha de dar sentido a mis gestos.
Tú, cuídame, mírame,
es tuyo el amar: gozar y padecer.
Que nadie recoja un suspiro.
Oculta en tu tabernáculo,
vivo, trabajo por todos.
Que el toque de mi mano sea tuyo,
sólo tuyo el acento de mi voz…”.

Aún cuando no nos sea posible alejarnos del ruido o del torbellino del mundo que nos rodea, podemos ir al fondo del corazón, en busca de Dios, y él siempre está allí. A veces bastará decir: “Es por ti, Jesús”, antes de cada actividad y de un encuentro. Este también es un medio para retirarse un poco aparte y darle a todo un sentido, una entonación sobrenatural. Y ofrecerle cada dolor, pequeño o comunión con él nos perfeccionará. También el físico resultará beneficiado y será posible volver con nuevas energías a nuestra actividad, a amar con impulso renovado.
Chiara Lubich




VOLVER A CASA

Volver a casa
En este período de descanso para buena parte del mundo, volvemos a proponer una reflexión de Chiara Lubich, publicada en julio del 2003, sobre una frase de Jesús “Vengan aparte, a un lugar solitario, y descansen un poco” (Mc 6,31).
15/07/2010

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De un árbol, admiramos su follaje y sus flores y esperamos sus frutos, pero esa vida al árbol le llega de las raíces. Es lo que sucede también con nosotros. Estamos llamados a dar, a amar, a servir, a crear relaciones de fraternidad, a trabajar para construir un mundo más justo. Pero se necesitan raíces, es decir, vida interior de unión con Dios, nuestra relación personal de amor con él, que motiva y alimenta la vida de comunión fraterna y el compromiso social. Es igualmente cierto que, el amor al otro, alimenta a su vez el amor a Dios y lo hace más vital y concreto, tal como la luz y el calor, a través de las hojas, fortalecen las raíces. Amor a Dios y amor al prójimo son expresiones de un único amor. También a nosotros Jesús nos repite lo que un día le dijo a sus discípulos, al verlos cansados por su entrega generosa a los demás. La vida interior y la vida externa son una raíz de la otra.

La Palabra de Vida elegida para este mes nos invita, sin embargo, a cultivar de manera especial la vida interior, sobre todo a través del recogimiento, la soledad, el silencio, para profundizar nuestra relación personal con Dios. También a nosotros Jesús nos repite lo que un día dijo a sus discípulos cansados como consecuencia de la constante donación a los demás: «Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco». También Jesús, cada tanto, se alejaba de sus muchas ocupaciones. Había enfermos que curar, multitudes que instruir y alimentar, pecadores que convertir, pobres que ayudar y consolar, discípulos que guiar… Sin embargo, aunque todos lo buscaban, él sabía retirarse, lejos de los centros poblados, a la montaña, para estar sólo con el Padre. Era como si volviese a casa. En su coloquio personal y silencioso encontraba las palabras que luego le diría a su gente, comprendía mejor su misión, recobraba fuerzas para encarar el nuevo día.

No es fácil detenerse. A veces estamos tomados por el ritmo vertiginoso del trabajo, de las actividades, como a merced de un engranaje del cual hemos perdido el control. Muchas veces la sociedad nos impone un ritmo de vida frenético: producir cada vez más, avanzar en la carrera, sobresalir… No es fácil enfrentar la soledad y el silencio tanto fuera como dentro de nosotros. Sin embargo, son condiciones necesarias para escuchar la voz de Dios, para confrontar nuestra vida con su Palabra, para cultivar y ahondar la relación de amor con él. Sin esta linfa interior corremos el riesgo de girar en el vacío y de que nuestro mucho trajinar termine resultando infructuoso. He aquí la necesidad de períodos, aunque sean breves, de descanso físico y mental también para evitar el estrés.(…)

El mejor descanso es darse tiempo para “estar” con Jesús, vivir en gracia, en el amor, dejándose plasmar y guiar por su Palabra. En particular, antes de la oración, momento privilegiado del “estar con él”, es bueno dejar todo de lado, descansar un poco, recogerse, entrar en el secreto y en el silencio de nuestra habitación interior. En nuestra oración no tenemos que andar midiendo el tiempo. En eso, cuanto más perdamos más ganaremos. Será como un zambullirnos en la unión con Dios, y encontraremos la paz. Podremos entonces llegar a un coloquio continuo con Él, a un recogimiento constante, también más allá del tiempo dedicado a la oración. Es mi experiencia de muchos años.

En una ocasión escribí:

“…¡Señor!En el corazón te tengo,

tesoro que ha de dar sentido a mis gestos.

Tú, cuídame, mírame,

es tuyo el amar: gozar y padecer.

Que nadie recoja un suspiro.

Oculta en tu tabernáculo, vivo, trabajo por todos.

Que el toque de mi mano sea tuyo,sólo tuyo el acento de mi voz…”.

Aún cuando no nos sea posible alejarnos del ruido o del torbellino del mundo que nos rodea, podemos ir al fondo del corazón, en busca de Dios, y él siempre está allí. A veces bastará decir: “Es por ti, Jesús”, antes de cada actividad y de un encuentro. Este también es un medio para retirarse un poco aparte y darle a todo un sentido, una entonación sobrenatural. Y ofrecerle cada dolor, pequeño o comunión con él nos perfeccionará. También el físico resultará beneficiado y será posible volver con nuevas energías a nuestra actividad, a amar con impulso renovado.

Chiara Lubich



SEMANA SANTA 2010

Jueves Santo: 1 de Abril
Cena del Señor: 19: 00 h.
Hora Santa: 22 h.
Viernes Santo: 2 Abril.
Via Crucis. 11:00 h
Oficios de la Pasión. 17 h.
Sábado de Gloria: 3 Abril.
Vigilia Pascual. 23:00 h.
Pascua de Resurrección: 4 Abril
Misas: 10, 11:30, 13, 19 h



SU MISA, NUESTRA MISA

Su Misa, nuestra Misa

Si tú sufres y tu sufrir es tal
que te impide toda actividad,
acuérdate de la Misa.
En la Misa,
hoy como entonces,
Jesús no trabaja, no predica:
Jesús se sacrifica por amor.
En la vida se pueden hacer muchas cosas,
decir muchas palabras;
pero la voz del dolor, quizá sorda y desconocida para los demás,
del dolor ofrecido por amor,
es la palabra más fuerte:
la que hiere al Cielo.
Si sufres,
sumerge tu dolor en el suyo:
di tu Misa.
Y si el mundo no comprende estas cosas,
no te turbes;
basta con que te comprendan
Jesús, María, los santos.
Vive con ellos y deja que corra tu sangre
en beneficio de la humanidad:
¡como El!
¡La Misa!
¡Demasiado grande para ser comprendida!
Su Misa, nuestra Misa.

Chiara Lubich,
La doctrina espiritual, p. 185




FESTIVAL SOLIDARIO

FESTIVAL SOLIDARIO
A FAVOR DE
CARITAS PARROQUIAL
DIA: 27 Marzo 2010
Hora: 18 h.
Lugar: Parroquia Sta Beatriz
Precio: TU PRESENCIA
(Colaboración voluntaria)



SOY TRIGO DE DIOS

SOY TRIGO DE DIOS Y HE DE SER MOLIDO POR LOS DIENTES DE LAS FIERAS

De la carta de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Romanos (Cap. 4. 1-2; 6, 1–8, 3: Funk 1, 217-223)

Yo voy escribiendo a todas las Iglesias, y a todas les encarezco lo mismo: que moriré de buena gana por Dios, con tal que vosotros no me lo impidáis. Os lo pido por favor: no me demostréis una benevolencia inoportuna. Dejad que sea pasto de las fieras, ya que ello me hará posible alcanzar a Dios. Soy trigo de Dios y he de ser molido por los dientes de las fieras, para llegar a ser pan limpio de Cristo. Rogad por mí a Cristo, para que, por medio de esos instrumentos, llegue a ser una víctima para Dios. De nada me servirán los placeres terrenales ni los reinos de este mundo. Prefiero morir en Cristo Jesús que reinar en los confines de la tierra. Todo mi deseo y mi voluntad están puestos en aquel que por nosotros murió y resucitó. Se acerca ya el momento de mi nacimiento a la vida nueva. Por favor, hermanos, no me privéis de esta vida, no queráis que muera; si lo que yo anhelo es pertenecer a Dios, no me entreguéis al mundo ni me seduzcáis con las cosas materiales; dejad que pueda contemplar la luz pura; entonces seré hombre en pleno sentido. Permitid que imite la pasión de mi Dios. El que tenga a Dios en si entenderá lo que quiero decir y se compadecerá de mi, sabiendo cuál es el deseo que me apremia. El príncipe de este mundo me quiere arrebatar y pretende arruinar mi deseo que tiende hacia Dios. Que nadie de vosotros, los aquí presentes, lo ayude; poneos más bien de mi parte, esto es, de parte de Dios. No queráis a un mismo tiempo tener a Jesucristo en la boca y los deseos mundanos en el corazón. Que no habite la envidia entre vosotros. Ni me hagáis caso si, cuando esté aquí, os suplicare en sentido contrario; haced más bien caso de lo que ahora os escribo. Porque os escribo en vida, pero deseando morir. Mi amor está crucificado y ya no queda en mí el fuego de los deseos terrenos; únicamente siento en mi interior la voz de una agua viva que me habla y me dice: «Ven al Padre.» No encuentro ya deleite en el alimento material ni en los placeres de este mundo. Lo que deseo es el pan de Dios, que es la carne de Jesucristo, de la descendencia de David, y la bebida de su sangre, que es la caridad incorruptible. No quiero ya vivir más la vida terrena. Y este deseo será realidad si vosotros lo queréis. Os pido que lo queráis, y así vosotros hallaréis también benevolencia. En dos palabras resumo mi súplica: haced me caso. Jesucristo os hará ver que digo la verdad, él, que es la boca que no engaña, por la que el Padre ha hablado verdaderamente. Rogad por mí, para que llegue a la meta. Os he escrito no con criterios humanos, sino conforme a la mente de Dios. Si sufro el martirio, es señal de que me queréis bien; de lo contrario, es que me habéis aborrecido.