Deseo llegar a la Fuente de Agua Viva.

Corro a la Fuente, deseo llegar a la Fuente de agua viva,
el Manantial que jamás se agotará.
Corro a la Fuente, deseo la Fuente.
No hay lentitud en el correr,sino que es un correr incansable,
un continuo anhelar la Fuente.
Sedienta está mi alma de Ti, Dios de la vida.
Padezco sed en el destierro, sed en la carrera,
pero no me hartaré sino a la llegada.
Una sola cosa te pido, ésta solicitaré siempre,
y es la de habitar en tu casa todos los días de mi vida.
Tanto en las prosperidades como en las adversidades,
derramo lágrimas de deseo;
y, sin embargo, el ardor de mi deseo no disminuye.
Aún cuando todo en el mundo fuera de mi gusto,
tendré siempre este desasosiego
hasta que llegue el momento de presentarme a Ti.
San Agustín



Vivir la Cuaresma desde la Solidaridad


Para vivir la CUARESMA en COMUNIÓN con los 40 PAÍSES más pobres del mundo

~justiciaypaz/cuaresma/

Al atardecer,dice el dueño de la viña a su administrador: «llama a los obreros y págales el jornal,empezando por los últimos y acabando por los primeros»(Mt 20, 8)




Quien beba de esta agua no tendrá sed jamás

Domingo 24 de febrero de 2008, 3º de Cuaresma

Éxodo 17,3-7: Danos agua de beber
Salmo responsorial 94: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón.»
Rm 5, : El amor ha sido derramado en nosotros
Jn 4,5-42: Quien beba de esta agua no tendrá sed jamás

El texto estrella es el de la samaritana. Prácticamente, el capítulo entero. El famoso episodio del encuentro de Jesús con la samaritana, en el evangelio de Juan.
Algo que nos parece importante siempre que se comenta un texto del evangelio de Juan, es la apelación a su carácter simbólico peculiar. Juan es un evangelio enteramente simbólico, en el que los símbolos han sido extrapolados hasta desplazar a la realidad. En Juan no hay símiles, sino identificaciones: Yo soy la vid, le hará decir Juan a Jesús; no “soy como la vid”, no, sino que “soy la vid verdadera”, las demás vides -las de la realidad- no son verdaderas. “Yo soy el Pan verdadero”: el resto de los panes son… sucedáneos. Yo tengo el “agua verdadera”, la otra no quita la sed…
De entre las muchas interpretaciones de que este texto puede ser objeto, nos vamos a fijar en dos dimensiones muy elocuentes para hoy: la superación de la religión y, consecuentemente, la apertura al diálogo interreligioso.
Jesús no vivió en este contexto pluralmente religioso que hoy nos invade, pero sí tenía que pasar por Samaria en sus viajes de Galilea a Jerusalén, y este episodio simbólico del evangelio de Juan nos permite representarnos el comportamiento de Jesús respecto a este pueblo que, si no era propiamente de otra religión, era considerado incluso como más distante, por ser tenido como hereje o cismático.
Jesús dialoga con la samaritana, incluso por propia iniciativa. Juan no nos lo presenta como a la defensiva o sólo respondiendo. La iniciativa original, el acercamiento es de Jesús.
¿«Dónde hay que adorar, en Jerusalén o en Garitzín»?, le pregunta la samaritana. ¿Es decir, ¿cuál es la religión verdadera? Y Jesús tiene una respuesta verdaderamente revolucionaria. Jesús no dice que Jerusalén o Gartizín resulten opciones inválidas (religiones falsas), pero sí dice que quien quiera ir más al fondo («los verdaderos adoradores») no va a tener que ir ni a un lugar ni a otro, ni en una ni en otra religión, sino «en espíritu y en verdad». Es la respuesta revolucionaria: las religiones son relativas. No hay ninguna absoluta, a la que las demás deban ceder el paso. La única religiosidad absoluta es la adoración en espíritu y en verdad, más allá de una u otra religión.




Del Testamento de Pablo VI

Una visión luminosa
«Caminad mientras estáis en la luz» (Jn 12, 35). ¡Cómo me gustaría, al terminar mi vida, estar en la luz… Quisiera tener ahora mismo una idea completa y lúcida sobre el mundo y sobre la vida. Pienso que esta idea debe manifestarse en un reconocimiento: todo ha sido don, todo ha sido gracia. ¡Qué hermoso ha sido el panorama por el que hemos pasado!;demasiado hermoso, hasta el punto de dejarnos, a veces, atraer y seducir por él, cuando debía haber sido solamente un signo y un anuncio. Pero, de todos modos, pienso que la despedida debe expresarse en un gran y sencillo acto de reconocimiento, y aun de agradecimiento: esta vida mortal es, a pesar de sus trabajos, de sus misterios oscuros, de sus sufrimientos, de su fatal caducidad, un hecho bellísimo, un prodigio siempre original yconmovedor, un acontecimiento digno de ser cantado en gozo y en gloria: ¡la vida, la vida del hombre!Y no es menos digno de exaltación y de feliz estupor el cuadro que rodea la vida del hombre: este mundo inmenso, misterioso, magnífico: este universo de las mil fuerzas, de las mil leyes, de las mil bellezas, de las mil profundidades. Es una visión encantadora. Aparece una generosidad sin medida. En esta mirada casi retrospectiva asalta la pena de no haber admirado lo suficiente este cuadro, de no haber observado como merecían las maravillas de la naturaleza, las sorprendentes riquezas del macrocosmos y del microcosmos. ¿Por qué no haber estudiado más, por qué no he explorado y admirado mejor esta habitación en la que se desarrolla la vida? ¡Qué distracción tan imperdonable, qué superficialidad tan reprobable! Quede por lo menos, ya in extremis, un reconocimiento de que el mundo, «qui per Ipsum factus est», es estupendo. En el último instante te saludo y te celebro, sí, con admiración inmensa y, como decía, con agradecimiento: todo es don; detrás de la vida, detrás de la naturaleza, del universo, está la Sabiduría; y además, lo diré claramente en esta Luminosa despedida (Tú nos lo has revelado, oh Cristo Señor), ¡está el Amor!… ¡Gracias, oh Dios, gracias y gloria a ti, oh Padre! En esta última mirada me doy cuenta que este panorama fascinante y misterioso es una irisación, es un reflejo de la Luz primera y única. Se trata de una revelación natural de extraordinaria riqueza y belleza, la cual debería ser una iniciación, un preludio, un anticipo, una invitación a la visión del invisible Sol, «quem nemo vidit unquam = que ninguno ha visto jamás» (Jn 1,18); «el Hijo unigénito, que está en el seno del Padre, nos lo ha revelado». Que así sea, que así sea.




¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,pues no te abrí!
¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana!

(Rafael y Lope de Vega)




Compartiendo el caminar. FEBRERO 2008

EL MIERCOLES DE CENIZA
La liturgia renovada ha querido mantener la importancia tradicional de este día, originariamente destinado a introducir a los penitentes en la penitencia pública, entre otros ritos, mediante la imposición de la ceniza. El gesto es de origen bíblico y judío, como señal de luto y de dolor. Cuando en el siglo IX la penitencia pública empezó a dar paso a la confesión privada y a la absolución individual de los pecados, el rito de la imposición de la ceniza, lejos de desaparecer, fue aplicado a todos los la ceniza es contemplada en el Misal no tanto como un recuerdo de que el hombre es polvo (cf. Gén 3,19), cuanto como un signo de una voluntad de conversión y de renovación pascual. Por eso se han introducido nuevos textos y una nueva fórmula al imponerla: «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1,15). Asimismo resulta significativo el momento en que debe hacerse el rito: después de la homilía, para mostrar cómo la conversión y la penitencia surgen de la interpelación que nos hace la Palabra divina. Ahora es el tiempo de la gracia, ahora es el día de la salvación» (2 Cor 5,20-6,2).

Tiempo de Cuaresma.
-La Cuaresma comprende los 40 días de preparación para celebrar la Resurrección de Jesús.
-Es un tiempo de penitencia, en griego metanoia, es decir: “cambio de mentalidad”.Poco sabemos sobre el origen de la Cuaresma, su nacimiento y su desarrollo. Las primeras alusiones a una preparación de la fiesta de Pascua se remontan al siglo IV, al principio en Oriente y finalmente en Occidente. Al finalizar este siglo, ya consiste en un período de 40 días, aunque la preparación para la celebración pascual ya existía (por menos tiempo) desde el siglo II. La Cuaresma, en todo caso, fue instituida después del reconocimiento del cristianismo por el emperador Constantino (Edicto de Milán, 313). En esa época, los paganos recibían el Bautismo en masa. Pero el fervor de los primeros tiempos, donde las persecuciones exigían una fe muy fuerte, se fue atenuando poco a poco. Los cristianos eligieron entonces huir del mundo y refugiarse en el desierto, para poder llevar una vida de oración y de renuncia. Se los llamaba los “Padres del desierto”. En la misma época comienza a aparecer el catecumenado de los adultos que quieren recibir el Bautismo, y la práctica de la penitencia pública para los cristianos culpables de muerte, de adulterio o de apostasía. De esta manera, la Cuaresma fue tomando forma.