Entonces, dijo una mujer: Háblanos de la Alegría y del Dolor. Y él respondió: Vuestra alegría es vuestro dolor sin máscara. Y la misma fuente de donde brota vuestra risa fue muchas veces llenada con vuestras lágrimas. Y ¿cómo puede ser de otro modo? Mientras más profundo cave el dolor en vuestro corazón, más alegría podréis contener. ¿No es la copa que guarda vuestro vino la misma copa que estuvo fundiéndose en el horno del alfarero? ¿Y’ no es el laúd que apacigua vuestro espíritu la misma madera que fue tallada con cuchillos? Cuando estéis contentos, mirad en el fondo de vuestro corazón y encontraréis que es solamente lo que, os produjo dolor, lo que os da alegría.
GIBRÁN KHALIL GIBRÁN, el profeta
Nos lo dice cuando nos habla de la obra de misericordia. Dejémonos de teorizar. Nuestra verdadera libertad pasa por dar de comer a quien tiene hambre, visitar a los enfermos y a los que están encarcelados, vestir al desnudo… En ellos, en cada hermano que nos encontramos en el camino de nuestra vida, encontramos la carne de Cristo.
Recordar que Dios se hizo carne para identificarse con nosotros es una gracia inmensa para nuestra vida, pues nos hace ver en concreto que acercarnos a todos los hombres, y de una manera especial al que sufre, es en verdad acercarnos a Cristo que está sufriendo en él. De ahí que vivir en concreto nuestra fe es asumir con todas las consecuencias que el Señor nos hace capaces de misericordia. Nos ha dado su vida para que su misericordia transforme nuestro corazón, haciéndonos experimentar un amor fiel. Un amor que, cuando lo acogemos, nos hace a su vez capaces de misericordia. Que el amor misericordioso de Dios se haga vida en cada uno de los discípulos del Señor y nos impulse a amar al prójimo con esas obras de misericordia que la Iglesia nos ha enseñado, tanto las corporales como las espirituales, es un auténtico milagro…
+Carlos, Cardenal Osoro Sierra
Tomado de:
La Cuaresma es uno esos tiempos litúrgicos que más ha marcado la historia, la vida y la espiritualidad de la Iglesia de todos los tiempos. Desde que la comunidad cristiana comenzó a organizar el año litúrgico, siempre ha considerado la centralidad de la celebración de la Pascua y ha privilegiado su correspondiente tiempo preparatorio. Aunque, a lo largo de la historia, este tiempo ha sufrido modificaciones en su concepción, expresión y extensión, siempre han permanecido unas constantes fundamentales. En estas líneas trataremos de mostrar esos ejes vertebradores de nuestra cuaresma actual que, como bien es sabido, se extiende desde el miércoles de ceniza hasta la mañana del jueves santo.
No puede haber una obertura más significativa que la imposición de la ceniza sobre el pueblo cristiano, expresando así su disposición a la penitencia; la materia final de las cosas después de la cual ya nada puede existir ni tener vida, recuerda al hombre su caducidad y finitud: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás» (cf. Gn 3,19). La ceniza se muestra, así como un signo de muerte; un recordatorio de aquello que es común e iguala a todo ser humano y así ayuda a reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por Dios.
Por Luis García Gutiérrez, tomado de:
“Abrirse al mundo” es una expresión que hoy ha sido cooptada por la economía y las finanzas. Se refiere exclusivamente a la apertura a los intereses extranjeros o a la libertad de los poderes económicos para invertir sin trabas ni complicaciones en todos los países. Los conflictos locales y el desinterés por el bien común son instrumentalizados por la economía global para imponer un modelo cultural único. Esta cultura unifica al mundo, pero divide a las personas y a las naciones, porque «la sociedad cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos».
Estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia. Hay más bien mercados, donde las personas cumplen roles de consumidores o de espectadores. El avance de este globalismo favorece normalmente la identidad de los más fuertes que se protegen a sí mismos, pero procura licuar las identidades de las regiones más débiles y pobres, haciéndolas más vulnerables y dependientes. De este modo la política se vuelve cada vez más frágil frente a los poderes económicos transnacionales que aplican el “divide y reinarás”.
Papa Francisco, Fratelli tutti, nº 12