LA FUERZA DEL SILENCIO

El cardenal Sarah afronta en estas páginas la necesidad del silencio interior para escuchar la música de Dios, para que brote y se desarrolle la oración confiada con Él. El ruido nos impone su dictadura un día y otro, hasta el punto de que rara vez añoramos el silencio. Sin embargo, el ruido genera el desconcierto del hombre, mientras que en el silencio se forja nuestro ser personal, nuestra propia identidad. Tras el éxito internacional de Dios o nada, el cardenal Sarah afronta en estas páginas la necesidad del silencio interior para escuchar la música de Dios, para que brote y se desarrolle la oración confiada con Él, para entablar relaciones cabales con nuestros allegados. «La verdadera revolución -afirma- viene del silencio, que nos conduce hacia Dios y los demás, para colocarnos humildemente a su servicio». 

 




LA IGLESIA FRENTE A LA PANDEMIA

Jesús, en la oración que hace al Padre en la última cena, pide por sus discípulos que están en el mundo, pero no son del mundo. Cuando la iglesia nació, obligada por la caridad, que es un mandato de Jesús, se ocupó de la predicación del evangelio a un mundo pagano deshumanizado y cruel, en el que inició una enorme obra caritativa que se encargó de los pobres, los enfermos, las viudas, los ancianos, los huérfanos, y en fin, de cada persona necesitada, marginada y despreciada, porque no olvidaba las palabras de Jesús: lo que hagan con ellos, lo habrán hecho conmigo.

La caridad cristiana, no era la causa y razón de ser de la Iglesia, sino su consecuencia, es decir, si alguien se decía cristiano, no podía pasar indiferente ante los sufrimientos y necesidades de los demás; por amor a Cristo se sentía obligado a socorrerlos, no se trataba de una vaga solidaridad o fraternidad humana, ni de una noble filantropía, sino de un mandato imperativo: “ámense los unos a los otros como yo los he amado”, y Jesús los amó hasta morir por ellos en la cruz. Así pues, la caridad cristiana era fruto del amor del Crucificado, no un sentimiento y un propósito noble, sino una fuerza sobrenatural que manaba del Dios mismo que se adentraba en el corazón de los creyentes y se derramaba sobre la humanidad.

 
A la Iglesia se le deben los primeros hospitales, universidades, y miles de iniciativas en favor de los más desfavorecidos, pero todo ello como consecuencia de la fe en el Dios que es amor. Con el paso de los siglos, el Estado empezó a hacerse cargo de esos rubros, la Iglesia dejó de ser indispensable en el ámbito social, y ante el embate del laicismo, y su propia secularización que la ha llevado a perder el sentido sobrenatural y su verdadera razón de ser en el mundo, muchos se preguntan si la existencia de la Iglesia tiene razón de ser en la sociedad de hoy.

Hugo Valdemar,

 




DAR LA VIDA CANTANDO AL AMOR

 

El esplendor y el ardor divino

no me calcina, sino que me templa,

me purifica, me sublima

y me dilata el corazón,

hasta el punto de que quisiera estrechar,

entre mis pequeños brazos humanos,

a todas las criaturas, para llevarlas a Dios.

 

Y quisiera hacerme alimento espiritual

para mis hermanos

que tienen hambre y sed

de verdad y Dios;

quisiera vestir de Dios a los desnudos,

dar la luz de Dios a los ciegos

y a los ansiosos de más luz,

y abrir los corazones

a las innumerables miserias humanas

y hacerme siervo de los siervos

distribuyendo mi vida entre los más indigentes y desamparados.


 DON ORIONE




ORTODOXOS Y CATÓLICOS PROMUEVEN

EN MADRID LA CUSTODIA DE LA BIODIVERSIDAD

El sábado 12 de septiembre, la Asamblea Episcopal Ortodoxa de España y Portugal y el Arzobispado de Madrid (Iglesia Católica Romana), celebran la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación (JMOCC 2020) invitando a la ciudadanía madrileña a reflexionar sobre la importancia de ser Custodios de la Vida. El programa de actos estará presidido por el cardenal Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Madrid, acompañado por el metropolita monseñor Policarpo, del Patriarcado ecuménico de Constantinopla, y el obispo ortodoxo rumano monseñor Timotei. La oración contará con la participación del grupo musical Siquem.

El evento constará de dos momentos diferentes que, por aforo, se celebrarán por primera vez en el mismo lugar: el cerro de la Torrecilla, en la Casa de Campo (junto al lago y las pistas de tenis – Metro: Lago). Comenzará a las 10:00 horas con una mesa de expertos del ámbito religioso, académico y civil, que abordarán la Custodia de la Vida: desde la espiritualidad cristiana (padre Demetrio R. Saez, IO), desde la experiencia sanitaria durante el coronavirus (padres camilos) y desde las acciones positivas que buscan frenar y / o revertir esta tendencia (Federación Española de Entidades Provida). A las 11:30 horas. tendrá lugar el acto central, la oración ecuménica, que finalizará en torno a las 13:00 horas.




«CURAR EL MUNDO»

 La pandemia ha puesto de relieve lo vulnerables e interconectados que estamos todos. Si no cuidamos el uno del otro, empezando por los últimos, por los que están más afectados, incluso de la creación, no podemos sanar el mundo. Es loable el compromiso de tantas personas que en estos meses están demostrando el amor humano y cristiano hacia el prójimo, dedicándose a los enfermos poniendo también en riesgo su propia salud. ¡Son héroes! Sin embargo, el coronavirus no es la única enfermedad que hay que combatir, sino que la pandemia ha sacado a la luz patologías sociales más amplias.

Una de estas es la visión distorsionada de la persona, una mirada que ignora su dignidad y su carácter relacional. A veces miramos a los otros como objetos, para usar y descartar. En realidad, este tipo de mirada ciega y fomenta una cultura del descarte individualista y agresiva, que transforma el ser humano en un bien de consumo […].

A la luz de la fe sabemos, sin embargo, que Dios mira al hombre y a la mujer de otra manera. Él nos ha creado no como objetos, sino como personas amadas y capaces de amar; nos ha creado a su imagen y semejanza (cfr. Gen 1, 27)

 

Papa Francisco, Audiencia general, 12 de agosto de 2020.

 




Catequesis Primera Comunión

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