EL OTRO, LOS OTROS.


¿Miramos a la cara a nuestros colegas, jefes, colaboradores? Son personas. Son el otro. Un otro que se nos aparece inicialmente con su rostro, la parte del cuerpo más desnuda y más expuesta a la mirada, y cuya expresión debemos descifrar. El rostro nos ofrece una imagen privilegiada de nuestros semejantes: en él se inscriben todos los movimientos de la subjetividad. Del rostro emana toda la interpelación de las personas.




MUJER, HE AHÍ A TU HIJO

1. Después de recordar la presencia de  María y de las demás mujeres al pie de la cruz del Señor, san Juan refiere: «Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: «Mujer, he ahí a tu hijo». Luego dice al discípulo: «He ahí a tu madre»» (Jn 19,26-27).

Estas palabras, particularmente conmovedoras, constituyen una «escena de revelación»: revelan los profundos sentimientos de Cristo en su agonía y entrañan una gran riqueza de significados para la fe y la espiritualidad cristiana. En efecto, el Mesías crucificado, al final de su vida terrena, dirigiéndose a su madre y al discípulo a quien amaba, establece relaciones nuevas de amor entre María y los cristianos.   

Las palabras de Jesús agonizante, en realidad, revelan que su principal intención no es confiar su madre a Juan, sino entregar el discípulo a María, asignándole una nueva misión materna.  

«Mujer, he ahí a tu hijo» Catequesis de Juan Pablo II (23-IV-97).




JESÚS: OTRA FORMA DE VIVIR


La «Semana Santa«, que es el nombre  popular del «misterio» esencial de nuestra fe cristiana. Es la puesta en acto del evangelio: «si el grano de trigo no muere…». En la «Pascua» se da el paso a la confesión de fe en Jesús como el Hijo de Dios. La «Pascua» no es algo que  se realiza en Jesús en beneficio de él mismo. «No lloréis por mí», dice Lucas en el camino hacia el calvario: «llorad por vuestros hijos». Jesús no muere para sí mismo, sino en solidaridad con todos los que padecen la injusticia, en solidaridad con todos los que sufren, con todos los que mueren.
La pasión, muerte y resurrección de Jesús son «modelo» de nuestra vida para que también nosotros muramos nuestra vida en solidaridad con los que sufren y con Él. Abramos nuestro corazón a todos los sufrientes.



CUARESMA 2018



La libertad de Jesús para vivir amando, hasta el extremo, no depende de las expectativas de los demás sobre Él. No se deja «seducir» por el clamor del pueblo cuando le aclama triunfalmente a la entrada en Jerusalén, ni tampoco la incomprensión y el abandono de los suyos le lleva a renunciar a sus opciones.
Su libertad no es una libertad que nace de «afuera a adentro», sino que está anclada en el corazón de Dios. Su libertad está «amarrada» al sueño de Dios que quiere: que la ternura, la compasión solidaria, la justicia alcancen a todas las criaturas y que se acabe para siempre el dolor y el llanto.



Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús (1889-1943), fundadora de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, fue una precursora del Concilio Vaticano II


El Papa canonizará a la madrileña que fundó el primer sindicato obrero femenino en Bolivia
El Papa ha reconocido el milagro que consentirá canonizar a la beata española Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús. Beatificada en 1992 por Juan Pablo II . El Papa Francisco aprobó el milagro que despeja definitivamente la proclamación de santidad en una audiencia que mantuvo el viernes con el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, el cardenal Angelo Amato.
Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús nació en Madrid (España) el 10 de enero de 1889 y murió en Buenos Aires (Argentina) el 6 de julio de 1943.
Una de las hazañas de la española fue organizar en 1933 a las mujeres de los mercados y comercios orureños para formar el que fue el primer sindicato obrero femenino de Bolivia.
Fuente:



«Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (Mt 24,12)

Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas. 
También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte. La Iglesia (…), nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

Papa Francisco Mensaje  Cuaresma  2018