DEDICO CADA ACTUACIÓN A DIOS

Hugh Jackman estrena Apostle Paul, una película sobre san Pablo, que el actor australiano produce junto a Matt Damon y Ben Affleck.  Jackman habló de Dios como el centro de gravedad de su profesión. Actuar le da una sensación de paz, y que dedica cada interpretación a Jesús. «Quizá puede parecer extraño. En Carros de Fuego, el atleta Eric Liddell dice: «Cuando corro, siento el placer de Él (Dios)». Yo siento este placer cuando actúo y todo sale bien, sobre todo en el escenario», dijo Jackman. «Siento que todos buscamos un sentimiento o a alguien que nos pueda unir. Lo llamamos Dios. Todas las noches, antes de salir al escenario, me detengo y dedico mi trabajo a Dios, en el sentido de poder rendirme a Él». La película Apostle Paul muestra la conversión, ministerio y encarcelamiento de Pablo.                                         Fuente:



AVE MARIA

¡Esta oración es una mina de oro!
San Bernardo y muchos otros santos enfatizaron que María nunca se negó a escuchar las oraciones de sus hijos. ¿Por qué rechazar el amor y el consuelo que nos ofrece la dulce Madre de Dios? Hugo Lammer era un cristiano convencido pero era un predicador violento contra la Iglesia Católica. Un día, se encontró con una explicación del Ave María que lo deleitó, y comenzó a rezarla todos los días. Entonces toda su animosidad anticatólica desapareció como por arte de magia. Se convirtió en sacerdote y profesor de teología católica en Breslau ( Polonia).
Hay miles de historias similares: un sacerdote está cerca de un hombre que muere desesperado debido a sus pecados y falta de fe. El hombre se niega a confesarse. El sacerdote consigue que rece al menos un Ave María. Poco después, el infeliz hace una confesión sincera y muere en la gracia de Dios.

FELIZ Y SANTA CUARESMA




EL HUMOR, LA ETICA Y LA VIDA


El humor, la ética y la vida
Juan Carlos Siurana, profesor titular de Filosofía en la Universidad de Valencia en el equipo de Adela Cortina, publicó hace un par de años el libro Ética del humor. A pesar de tratar al autor, debo confesar que recién acabo de conocer y leer dicha obra. Y me ha encantado por su originalidad y creatividad. No es un libro de autoayuda, es un libro filosófico, y como tal es de lectura densa.
La tesis central del libro viene expresada ya en la introducción: «Es un libro que propone una nueva teoría ética basada en el humor, una teoría ética que sitúa en el humor el punto arquimédico desde el cual podemos avanzar en nuestra propia comprensión como sujetos morales, obtener razones de nuestra actuación moral, y mostrar caminos para mejorar éticamente tanto a nivel individual como de la sociedad en su conjunto» (p. 12). Se trata, por tanto, de una teoría ética y, a la vez, de una ética aplicada. Y en la medida en que el autor la aplica de manera muy especial al ámbito sanitario (sobre todo en los capítulos 8 y 13), una teoría que puede resultar de gran interés para la bioética.
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«AHI TIENES A TU HIJO… » (Jn 19,26-27)

Este año, el tema de la Jornada del Enfermo se inspira en las palabras que Jesús, desde la cruz, dirige a su madre María y a Juan: «Ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa» (Jn 19,26-27).
En primer lugar, las palabras de Jesús son el origen de la vocación materna de María hacia la humanidad entera. Ella será la madre de los discípulos de su Hijo y cuidará de ellos y de su camino. Y sabemos que el cuidado materno de un hijo o de una hija incluye todos los aspectos de su educación, tanto los materiales como los espirituales.
Esta vocación materna de la Iglesia hacia los necesitados y los enfermos se ha concretado, en su historia bimilenaria, en una rica serie de iniciativas en favor de los enfermos. Esta historia de dedicación no se debe olvidar. Continúa hoy en todo el mundo. En los países donde existen sistemas sanitarios públicos y adecuados, el trabajo de las congregaciones católicas, de las diócesis y de sus hospitales, además de proporcionar una atención médica de calidad, trata de poner a la persona humana en el centro del proceso terapéutico y de realizar la investigación científica en el respeto de la vida y de los valores morales cristianos.

Papa Francisco Mensaje  XXVI Jornada  Mundial del enfermo 2018




Ecumenismo: la elección de Mirvet

La Semana de oración por la unidad de los cristianos (18-25 de enero), es una ocasión propicia para conocerse mejor. La historia de una joven sirio-ortodoxa que descubre en los Focolares un camino para contribuir con la propia vida a la unidad.

syria-1886425_PixabayEl abuelo de Mirvet Kelly era Diácono: «Recuerdo la alegría de ir con él, cuando era chica, cada domingo a la Divina Liturgia sirio-ortodoxa. Orgullosa, lo miraba vestido de blanco recitar desde el altar sus oraciones».

En Ad Homs, en Siria, donde Mirvet creció, están presentes varias Iglesias: la armenio-apostólica, la greco-ortodoxa y católica de varios ritos, la maronita, la melquita y la sirio-católica. Antes de la guerra, estando unidos a la propia iglesia, los fieles asistían también a otra iglesia sin problemas. No obstante esto, por conversaciones aquí y allá, ella percibía también las dificultades de esta pluralidad, por ejemplo que un joven no había podido casarse con su novia porque era católica, o viceversa. «Creciendo- continúa- muchas cosas cambiaron: el abuelo falleció y la Divina Liturgia me parecía larga y anticuada. En la escuela era la única cristiana en medio de muchos musulmanes. En Navidad y Pascua era la única que me ausentaba de la escuela y cuando volvía mis compañeros me hacían muchas preguntas a las que no sabía responder: «¿Por qué existen tantas Iglesias? ¿Por qué el Jesús de ustedes es crucificado y resucita en fechas distintas, según las Iglesias?». Con otras amigas decidimos no volver a pertenecer a una u otra iglesia sino ser cristianas y basta. Y como muchas de ellas, también yo dejé de asistir a mi Iglesia».

D20180118-01espués de algunos años, Mirvet encontró un grupo que trataba de vivir el Evangelio a la luz de la espiritualidad de los Focolares. «Con ellas descubrí que Dios es Padre de todos y que todos somos amados por Él como hijos. Mi vida comenzó a cambiar. Cada vez que trataba de amar, yendo por ejemplo a visitar a los ancianos y a los pobres, la alegría y la paz me llenaban el corazón.

Un día, en un escrito de Chiara Lubich encontré la frase: «Debemos amar a la Iglesia de los otros como a la propia». Yo no sólo no amaba a la Iglesia de los demás, sino que no amaba ni siquiera a la mía, que había criticado y abandonado. Hoy estoy agradecida a los Focolares que me acompañaron a integrarme nuevamente en ella. Comencé en el servicio, ayudando en el catecismo, en el coro y en otras éste un primer paso para abrirme, en el tiempo, a conocer y amar también a las otras Iglesias».

En ese momento, la historia de Mirvet, ya tan fecunda en el plano personal y ecuménico, tiene un nuevo salto de calidad. Advierte que Dios la llama a la extraordinaria aventura de donarse totalmente a Él. «En los distintos focolares donde viví – explica– me encontré siendo la única ortodoxa junto a católicas que eran de edades, países, idiomas, culturas, iglesias y pensamientos distintos.

Tratar de vivir la unidad con todas estas diferencias es siempre un desafío, porque cada una de nosotras tiene sus propios gustos e ideas también en las pequeñas cosas. Pero cuando se trata de que la realidad del otro sea la propia, experimentamos que las diferencias se convierten en una riqueza. A menudo rezamos una por la Iglesia de la otra, en un crecimiento que es el mismo en la fe y en la relación con Dios.

Y casi sin darnos cuenta llevamos el fruto de nuestra comunión a nuestras respectivas Iglesias, al trabajo, a la vida cotidiana. Parece una gota en el mar, pero también los pasos más pequeños, unidos a los de muchos otros en el mundo, pueden hacer la diferencia.

En los países de Medio Oriente donde viví, por ejemplo, vi sacerdotes que ayudaban a las personas sin preguntarse a qué Iglesia pertenecían, o hacían proyectos entre Iglesias distintas a favor de muchos que se encontraban en necesidades, indiferentemente si eran cristianos o musulmanes. El año pasado, católicos y ortodoxos festejaron la Pascua el mismo día. Dos amigos sirios, que ahora viven en Viena, me contaban recientemente que ellos y muchos otros fueron ayudados por un párroco y por focolarinas católicas a encontrar la casa, las medicinas, el trabajo, y formaron un grupo en el que comparten y se ayudan en la común experiencia cristiana.

Algunas sirias, que están ahora en USA me decían que son más de cincuenta los emigrantes sirio ortodoxos que se reúnen con periodicidad, una vez en la casa de los ortodoxos y otra en la de los católicos, experimentando que Dios está siempre con nosotros y que debemos rezar, vivir y amar a fin de que el testamento de Jesús: «Que todos sean uno», se realice lo más pronto posible».

Tomado de: