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ADVIENTO, TIEMPO MARIANO.

El valor del Adviento, que es «un momento especialmente adaptado al culto de la Madre del Señor»,  significa que este tiempo litúrgico debe ser visto como un «mes de María». En el calendario litúrgico del Oriente cristiano, el período de vigilia al misterio de la manifestación (Adviento) de la salvación divina (Teofanía) en los misterios de la Natividad-Epifanía del Hijo único de Dios Padre aparece como un tiempo eminentemente mariano. La atención se centra en la preparación para la venida del Señor en el misterio de la maternidad divina. En el Oriente, todos los misterios relacionados con la Virgen María son misterios cristológicos, es decir, se refieren al misterio de nuestra salvación en Cristo. De manera que, en el rito copto, se cantan durante este período, las virtudes de María en la Theotokia;  en el Oriente  sirio, este tiempo es llamado Subbara, es decir, Anunciación, para poner de relieve su carácter mariano. En el rito bizantino, la preparación de la Navidad está marcada por una serie cada vez mayor de las fiestas marianas y coros cantados en honor de la Virgen María.




FECUNDIDAD

En nuestra escala de valores prima la salud, la juventud, el bienestar, la belleza física, la buena forma corporal, la productividad, la fuerza. Por el contrario, nos frustra la debilidad, la enfermedad, toda circunstancia adversa y todo contratiempo.
Las Sagradas Escrituras, en cambio, nos muestran cómo Dios actúa en los que son débiles, pequeños, pobres, frágiles, desechados, segundones o extranjeros. El salmista canta: «A la estéril le da siete hijos, mientras que la madre de muchos queda baldía».
¡Tantas veces debemos reconocer que lo que nos sucede no es fruto de nuestro esfuerzo, sino que nos sorprendemos por los hechos providentes que acontecen a pesar de nuestra pobreza y debilidad!
San Pablo llega a decir: «Lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres» (1Co 1, 25). ¿Dónde pones tus ojos?