AVE MARIA

 «El Rosario es la oración más poderosa»

El Padre Gabriele Amorth, falleció en septiembre del 2016, jefe de exorcistas de la Ciudad del Vaticano y de la diócesis de Roma, es probablemente el exorcista más conocido en el mundo. En la introducción de su último libro Il mio rosario (Ed. San Paolo, Italia), escribe: «Pienso que el Rosario es la oración más poderosa».

El Padre Amorth consagró una gran parte de sus escritos a los exorcismos y a la figura del diablo. Al llegar a la jubilación, a los 90 años, decidió revelarnos la fuente de su fuerza interior. La encontraba en la oración diaria del Rosario y la meditación de los 20 misterios. Una oración que lo sostuvo en su combate cotidiano contra las manifestaciones más sutiles del mal, durante los largos años de trabajo al servicio de la diócesis de Roma.




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María, el nombre femenino del Amor

20170909-01María. Los filólogos lo interpretan de muchos modos, todos hermosos; pero el significado más rico de belleza es el que la señala especialmente e inconfundiblemente como la única entre todas las mujeres. Ella: María.
Un nombre que no se termina nunca de pronunciar; y que siempre nos proporciona alegría. Con el saludo del ángel, que entra en los acontecimientos humanos como una fuente de gozo, millones de criaturas varias veces al día la invocan.
Así la llaman los padres y los parientes y los vecinos de la casa en Nazaret. Y así, con cada avemaría, todos volvemos a llamarla familiarmente, con el fin de pedirle su intercesión en este experimento de vida que culmina con la muerte, que es el paso hacia la perenne vida.

«María». Al pronunciar este nombre el corazón salta en el pecho como el niño en el vientre de Isabel, «e Isabel se llenó del Espíritu Santo». «María», decían los pastores y artesanos cuando se asomaban a la entrada de la humilde casa que era la morada de la Sagrada Familia en la colina de Nazaret, para pedirle un favor. Pedirle a ella que era tan servicial con todos, tan rica de recursos para cada uno. Y si no tenían nada que pedir, se asomaban por la alegría de saludarla. La alegría de decir ese nombre que recoge tantas cosas bellas, porque resume los misterios del amor. El nombre femenino del Amor.

A distancia de siglos, nosotros, como el arcángel y como José, como todos los santos y tantos pecadores, seguimos llamándola así: María, cincuenta, cien y más veces al día, sin vincular nunca ese nombre a títulos de la nobleza, a apelativos pomposos, ni a derechos de primacía. A nosotros nos gusta –tal como le gusta a Ella- acercarnos a Ella, no separarla, para acercarnos al Esposo, que con Ella hace unidad. La muchedumbre de la calle, el torbellino de las pasiones, el trazo del espíritu lo atraviesa, lo surca este nombre, a través del cual transita el amor del cielo a la tierra. La humildad acerca y el amor unifica; y es el más grande tributo. Nosotros nos sentimos de la casa en la Iglesia de Cristo, nosotros nos sentimos de la casa en la comunión de los santos, en el mismo ámbito de la Santísima Trinidad, también porque está María; está la madre y por lo tanto entran los hijos. Donde está María está el amor, y donde está el amor está Dios. Y por lo tanto decir este nombre en cualquier circunstancia y ambiente es hacer entrar repentinamente una atmósfera de divino, es encender una estrella en la noche, es abrir un manantial de poesía donde prevalece la fría tecnología, es hacer florecer lirios en medio del pantano. Es un restituir el calor de la familia a un campo de trabajos forzados.

María ama y en el amor se esconde. El verdadero amor es contemplación de la persona amada.
También en esto, a imitación de la jovencita de Nazaret, se puede ser contemplativos estando en el mundo, en una barraca de campesinos o en un apartamento de la ciudad.

El amor en Ella ha sido tan grande que nos ha dado a Dios, Dios que es amor. Ella casi lo arrancó del cielo para darlo a la tierra, hizo que un ser sólo divino fuera también hombre, al servicio de los hombres.
Y verdaderamente amar es hacerse uno con el Amado, y María se hizo tan uno con Dios que nos donó a Dios, para donarlo, a través de ella, a todos los hombres.
En definitiva estamos en el mundo en formas distintas, con atuendos de todo tipo; pero, estando como María, se prepara siempre y en cualquier parte la habitación de Jesús.

 

(Igino Giordani, Maria modello perfetto, Città Nuova, Roma 2012, pp. 17-20)




Difundir bondad alrededor de nosotros




Nota de la Secretaria General de la Conferencia Episcopal Española sobre el atentado en Barcelona

Esta tarde ha tenido lugar en Barcelona un grave atentado terrorista con resultado de muerte y numerosos este hecho luctuoso y execrable, la Conferencia Episcopal Española quiere en primer lugar mostrar su cercanía y oración a todas las víctimas y sus familias. Asimismo manifestamos nuestro apoyo a toda la sociedad que es atacada con estas acciones, en esta ocasión los ciudadanos de Barcelona, y a las Fuerzas de mismo tiempo condenamos cada muestra de terrorismo, una práctica intrínsecamente perversa, del todo incompatible con una visión moral de la vida, justa y razonable. No sólo vulnera gravemente el derecho a la vida y a la libertad, sino que es muestra de la más dura intolerancia y a todos los creyentes que eleven sus oraciones para pedir a Dios que conceda el descanso eterno a las personas fallecidas, restablezca la salud del resto las víctimas, consuelo a los familiares, llene de paz los corazones de las personas de buena voluntad y nunca más se repitan estas acciones despreciables.




Ave María

En las declaraciones de Sor Lucía al Padre Fuentes, el 26 de diciembre de 1957, la vidente de Nuestra Señora de Fátima (Portugal) hace alusión al tercer secreto:   
«Por voluntad de la Santísima Virgen, solamente pudieran saberlo tanto el Santo Padre como el señor Obispo de Fátima. Ambos no han querido saberlo para no influenciarse». y agrega «Lo que aflige más a los Corazones Inmaculados de Jesús y de María es la caída de las almas religiosas y sacerdotales. El demonio sabe que los religiosos y los sacerdotes faltando a su vocación llevan numerosas almas al infierno (…) el demonio emplea todas las trampas, yendo hasta sugerir el retrasar la entrada a la vida religiosa (…) . «La Santísima Virgen no me dijo que nos encontramos en los últimos tiempos del mundo, pero me lo hizo ver: porque me dijo que el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen (…).
Así que ahora, o somos de Dios, o somos del demonio; no hay término medio, ya que los dos últimos remedios que Dios da al mundo son el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María. Y ser los últimos remedios, quiere decir que ya no habrá otros.»