Tener un corazón nuevo para amar.

El principio de una fe nueva. 
"Apenas llego al trabajo cuando se inicia un brutal bombardeo. Con los demás colegas corrimos a refugiarnos en el sótano, con la oreja en la radio para tener noticias. Me enteré así de que también el barrio donde mi marido trabajaba fue bombardeado. Me sentí mal, estuve a punto de desmayarme. En aquel momento se abrió paso un pensamiento: "Dios, me estás pidiendo ahora de renovar mi fe en ti". Le confié a los niños, mi marido, los padres, pidiéndole de no permitir que nos alejáramos de él; le pedí sobre todo que los niños, en caso de que se hubieran encontrado sin sus padres, pudieran encontrar en su camino a personas que hubieran sabido conducirlas hasta él. Fue un momento inolvidable a corazón abierto con Dios. Desde aquel momento vivo la vida con fe e infinita gratitud". 
(H. S. – Líbano)




Superviviente de Auschwitz en parque del Retiro

«Los ojos míos tan llenos de cadáveres, llenos. Por esto no me cuida si me muero o si vivo». A Annette Florentin, viuda de Cabelli, se le llena la voz de lágrimas, aunque rápidamente coge de la mano a su amiga Linda Sixou y le pide que canten. Una canción sefardí que suelen entonar juntas. Un recuerdo de su infancia.
Se conmemora el 72º aniversario de la liberación del campo Auschwitz-Birkenau, jornada reconocida por Naciones Unidas como el Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Para que la memoria no se entumezca, Annette Cabelli, griega de 91 años afincada en Niza, dio este miércoles su testimonio en el Retiro, de la mano del centro Sefarad-Israel y el Ayuntamiento. «Cuento mi historia porque el mundo entero debe saber lo que pasó. Tuve suerte de salir viva y debo contarlo».
No hace mucho que Cabelli ha dado a conocer su historia. Sus hijas, Denise y Jacqueline, hasta el año pasado no escucharon de boca de su madre qué ocurrió durante los dos años que estuvo en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. O durante la marcha de la muerte hasta Ravensbrück. O el día de abril de 1945 que despertó y la guardia alemana por fin había desaparecido.

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El pensil del María

Durante la audiencia general del 26 de octubre de 2016, el Papa Francisco recomendó a los jóvenes – y a todos  los presentes – la oración del rosario, para saber cómo interpretar la voluntad de Dios en sus vidas. Después del encuentro en la plaza de San Pedro, el Papa saludó a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, presentes, a pesar de la lluvia.»A finales de octubre quiero recomendar la oración del Rosario, dijo. Esta sencilla oración mariana, queridos jóvenes, nos indica la forma de interpretar la voluntad de Dios en nuestras vidas «.
«Amad esta oración, queridos enfermos, ya que lleva consigo el consuelo de la mente y del corazón, añadió. Que ella se convierta para vosotros, queridos recién casados, en un momento especial de intimidad espiritual en su nueva familia». Al saludar a los polacos, el Papa también les alentó a rezar el rosario, «Es una síntesis de la Misericordia Divina. En los misterios del Rosario, con María, contemplamos la vida de Jesús que irradia la misericordia del Padre.”

«Es una síntesis de la misericordia divina. En los misterios del Rosario, con María, contemplamos la vida de Jesús que irradia la misericordia del Padre”.



Convivencia en Monasterio de Uclés

CONVIVENCIA 
RETIRO PARROQUIAL
Fecha: Sábado 4 Marzo 2017
Lugar: Monasterio de Uclés.
8:30   Salida desde parroquia Santa Beatriz.
17:45   Vuelta a Madrid
Bus ida y vuelta, comida en el monasterio y la visita guiada. 
Mínimo 40 personas.
Un momento para la reflexión, 
el silencio y la comunión entre nosotros. 
Una ocasión para adentrarnos
 en las riquezas que nos trae la cercania de la Semana Santa.
Una oportunidad para abrir el corazón, la mente y la voluntad
 al abrazo de Dios Amor  que se “entrega” y “ofrece”
 por cada uno.
Información:     Parroquia Santa Beatriz     692747942

 “Descargad en Él todo vuestro agobio, porque Él cuida de vosotros”.

(San Juan Eudes)



Esa fraternidad que nos hace iglesia.

Entrevista de Claudio Sorge a Chiara Lubich
para el programa “Ottavo Giorno”
( Rai Uno) 17 de abril de 1978.
El amor que el cristiano lleva – y en esto está el misterio abismal y la potencia escondida que, si se hace fructificar, puede obrar milagros –, es distinto a cualquier otro amor existente en el mundo, por noble y bonito que sea. Es un amor de origen divino, el mismo amor de Dios participado al hombre que, injertándose en él, lo hace hijo de Dios. Y ésta es la premisa y la causa de una realidad incomparable: la fraternidad humana en un plano más alto, la fraternidad sobrenatural.
(…)Si Navidad nos recuerda hasta qué punto Dios nos ha amado, es decir, hasta hacerse uno de nosotros, es fácil comprender cómo la lógica de su amor le haga desear estar siempre interesado por nuestros asuntos y deseoso de seguir viviendo, en cierto modo, entre nosotros, compartiendo nuestras alegrías, nuestros dolores, las responsabilidades y las fatigas, dándonos sobre todo una mano como Hermano nuestro. (…) Él quiere estar siempre con nosotros. Y le bastan dos o tres cristianos… ¡y ni siquiera que sean santos! Bastan dos o más hombres de buena voluntad que crean en Él y sobre todo en su amor.
Si hacemos así, en la Iglesia habrá células vivas en abundancia, que con el tiempo podrán animar la sociedad que las rodea, hasta penetrar en la masa. Entonces, ésta, impregnada por el Espíritu de Cristo, podrá cumplir mejor el designio de Dios sobre el mundo y dar un impulso decisivo a una revolución social, pacífica, pero irrefrenable, con consecuencias que jamás habríamos osado esperar.(…)

Si hay personas unidas en el nombre de Cristo, mañana podremos ver pueblos unidos.



Jesús no busca la popularidad

“La mirada de Jesús va a lo grande y a lo pequeño. Así mira Jesús: nos ve a todos, pero mira a cada uno de nosotros. Ve nuestros grandes problemas, nuestras grandes alegrías, y ve también nuestras cosas pequeñas. Porque está cerca. Jesús no se asusta delas grandes cosas, pero también tiene en cuenta las pequeñas. Así nos mira Jesús”.
El estupor del encuentro con Jesús.
Si corremos “con perseverancia, teniendo fija la mirada en Jesús” nos sucederá lo que le sucedió a la gente después de la resurrección de la hija de Jairo, que fue acogida “con gran estupor”:
“Yo voy, miro a Jesús, camino delante, fijo la mirada en Jesús y ¿qué encuentro? ¡Que Él tiene fija la mirada sobre mí! Y esto me provoca gran estupor. Es el estupor del encuentro con Jesús. ¡Pero no tengamos miedo! No tengamos miedo, como aquella anciana que no tuvo miedo de ir a tocar el borde del manto. ¡No tengamos miedo! Corramos por este camino, siempre con la mirada fija en Jesús. Y tendremos esta bella sorpresa: nos henchirá de estupor. El mismo Jesús tiene fija su mirada sobre mí”.
PAPA FRANCISCO, misa en Santa Marta el 31 enero 2017