Acciones concretas

Tener en el corazón las necesidades del hermano 

«»Nuestra experiencia nos dice que estas relaciones fraternas, vividas en la cotidianidad de la vida personal, familiar y profesional, pueden liberar recursos inesperados.» […]
«Nacen relaciones nuevas, llenas de significado, -continuó Chiara Lubich – que suscitan las más variadas iniciativas en beneficio del individuo y de la comunidad.
Y esto es también válido para el delicado mundo de la medicina.
[…] de hecho, es la posibilidad de amar al prójimo en un crescendo de caridad que hay que dirigir a todos;
Una caridad que no es mero sentimentalismo, sino acciones concretas, siempre atentos a las necesidades del momento, una caridad capaz de instaurar con todos un diálogo profundo que, si es vivido por varios, genera comunión, unidad.»

(Fonte: Citazione:  Chiara Lubich – Sabato 9 giugno 2012 – «Una carità che non è mero sentimentalismo» – )




No tener en cuenta la ofensa

San Agustín escribía: 
«No desprecie el cristiano lo que hizo Cristo. 
Porque cuando el cuerpo se inclina hasta los pies del hermano, 
también el corazón se enciende, 
o si ya estaba,
se alimenta el sentimiento de humildad […] 
Perdonémonos mutuamente nuestros errores 
y recemos mutuamente por nuestras culpas y así,
de alguna manera nos lavaremos los pies mutuamente»
Fuente: Sant'Agostino d'Ippona, In Joh 58, 4-5



Para conocer a Jesús

NO BASTA EL CATECISMO PARA CONOCER A JESUS,
HAY QUE REZAR.
Papa Francisco, en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. 20 octubre 2016.
Para conocer verdaderamente a Jesús tenemos necesidad de oración, de adoración y de reconocernos pecadores. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que el catecismo no es suficiente para comprender la profundidad del misterio de Cristo.
“Ganar a Cristo”
El Papa Bergoglio desarrolló su homilía partiendo del pasaje de la Carta de San Pablo a los Efesios, contenido en la Primera Lectura del día. El Apóstol de los Gentiles  – observó – pide que el Espíritu Santo dé a los Efesios la gracia de “ser fuertes, reforzados”, hacer que Cristo habite en sus corazones. “Allí está el centro”.
No se conoce a Jesús sólo con el catecismo, es necesario rezar
El Santo Padre observó que Pablo “se sumerge” en el “mar inmenso que es la persona de Cristo”. Y tras formular las preguntas: “¿Cómo podemos conocer a  Cristo? ¿Cómo podemos comprender el amor de Cristo que supera todo conocimiento”?, Francisco dijo:
“Cristo está presente en el Evangelio. Leyendo el Evangelio conocemos a Cristo. Y todos nosotros hacemos esto. Al menos escuchamos el Evangelio cuando vamos a Misa. Con el estudio del catecismo. El catecismo nos enseña quién es Cristo. Pero esto no es suficiente. Para ser capaces de comprender cuál es la amplitud, la longitud, la altura y la profundidad de Jesucristo es necesario entrar en un contexto, primero, de oración, como hace Pablo, de rodillas: ‘Padre envíame al Espíritu para conocer a Jesucristo’”.
Encontrar al Señor en el silencio de la adoración
Par conocer verdaderamente a Cristo – reafirmó el Obispo de Roma – “es necesaria la oración”. Pero Pablo –  añadió –  “no sólo reza, sino que adora este misterio que supera todo conocimiento y en un contexto de adoración pide esta gracia” al Señor:
“No se conoce al Señor sin esta costumbre de adorar, de adorar en silencio. Adorar. Creo – si no me equivoco – que esta oración de adoración es la menos conocida por nosotros, es la que hacemos menos. Perder el tiempo – me permito decir – ante el Señor, ante el misterio de Jesucristo. Adorar. Y allí en silencio, el silencio de la adoración. Él es el Señor y yo adoro”.
Reconocerse pecadores para entrar en el misterio de Jesús
Tercero –  dijo el Papa al concluir – “para conocer a Cristo es necesario tener conciencia de nosotros mismos”, es decir, tener la costumbre de acusarnos a nosotros mismos, reconociendo que  somos “pecadores”:
“No se puede adorar sin acusarse a sí mismo. Para entrar en este mar sin fondo, sin orilla, que es el misterio de Jesucristo, son necesarias estas cosas. La oración: ‘Padre, envíame al Espíritu para que Él me conduzca a conocer a Jesús’. Segundo: la adoración del misterio, entrar en el misterio, adorando. Y tercero: acusarse a sí mismo. Soy un hombre de labios impuros’. Que el Señor nos dé esta gracia que Pablo pide para los Efesios, también para nosotros, esta gracia de conocer y ganar a Cristo”.
Tomado: %C3%BAs/1266475




Oración para aprender a amar

Señor cuando tenga hambre,
dame alguien que necesite comida;
Cuando tenga sed,
dame alguien que precise agua;
Cuando sienta frío,
dame alguien que necesite calor.
Cuando sufra,
dame alguien que necesita consuelo;
Cuando mi cruz parezca pesada,
déjame compartir la cruz del otro;
Cuando me vea pobre,
pon a mi lado algún necesitado.
Cuando no tenga tiempo,
dame alguien que precise de mis minutos;
Cuando sufra humillación,
dame ocasión para elogiar a alguien;
Cuando esté desanimado,
dame alguien para darle nuevos ánimos.
Cuando quiera que los otros me comprendan,
dame alguien que necesite de mi comprensión;
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí,
dame alguien a quien pueda atender;
Cuando piense en mí mismo,
vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor,
de servir a nuestros hermanos;
Dales, a través de nuestras manos,
no sólo el pan de cada día,
también nuestro amor misericordioso,
imagen del tuyo.

Santa Teresa de Calcuta M.C.



Conmemoración de los fieles difuntos

Miércoles 2 de Noviembre 2016
Celebraremos la eucaristía por  todos los seres queridos fallecidos.
«Una flor sobre su tumba se marchita, una lágrima sobre su recuerdo se evapora. Una oración por su alma, la recibe Dios»,
 decía San Agustín.
Esta fiesta responde a una larga tradición de fe en la Iglesia: orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrena y que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio. (…)El libro 2º de los Macabeos en el Antiguo Testamento dice: «Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados» (2Mac. 12, 46). Al respecto, San Gregorio Magno afirma: «Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso».

Canción de Martín Valverde.
No se han ido del todo




La historia de un si en 5 partes

Carta semanal del arzobispo de Madrid
El sí de María a Dios es el sí de la Iglesia. He podido ver cómo este sí se prolongaba en los diversos lugares en los que la providencia de Dios me ha situado: en Cantabria, y después como obispo de Orense y arzobispo de Oviedo, de Valencia y de Madrid
El sí de María a Dios es el sí de la Iglesia. Hay unas palabras en el Evangelio que recogen ese sí: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». La respuesta de la Santísima Virgen María al ángel se prolonga en la Iglesia, pues esta está llamada a manifestar a Cristo en la historia, ofreciéndose disponible y con las puertas abiertas para que Dios pueda seguir acercándose a todos los hombres, visitando esta humanidad con su misericordia. ¡Qué contemplación más maravillosa ver a la Iglesia como don de Dios y no como creación de los hombres!
Mi trayectoria como cristiano y sacerdote me ha hecho comprender y vivir esto. Mi vivencia de Iglesia doméstica en mi familia, así como mi experiencia en la Iglesia particular de Santander y en las diversas Iglesias particulares en las que, llamado por san Juan Pablo II, Benedicto XVI y el Papa Francisco, he servido como pastor, me han permitido enriquecer mi vida viendo y comprendiendo la Iglesia desde dentro, su belleza, su misión, sus entrañas, en dónde alcanza su máxima identidad… ¡Qué gracia más inmensa ver a la Iglesia llena de gracia, esplendorosa por su belleza, adornada por múltiples dones del Espíritu!
He podido ver cómo ese sí de María se prolongaba en los diversos lugares en los que la providencia de Dios me ha situado. Y he descubierto así la Iglesia de primera mano, tal y como la creó el Señor y tal y como Él quiso que estuviera en medio del mundo. Mi historia es un quinteto cuya partitura ha sido compuesta en la Iglesia particular que me vio nacer y que me regaló la fe, en Cantabria, y después como obispo de Orense y arzobispo de Oviedo, de Valencia y de Madrid. Qué oportunidades de gracia y de amor me ha dado el Señor para descubrir que la única manera de comprender a la Iglesia es mirarla así, por dentro. Y comprenderla desde el diseño de quien la hizo: Jesucristo. Por ello, qué bien suenan en nuestros oídos y en nuestro corazón esas palabras del apóstol san Pablo: «Hermanos: sois edificio de Dios […] El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros» (1 Cor 3, 9. 17). Sí, somos unedificio espiritual que está construido con piedras vivas que somos todos los cristianos. Y este edificio tiene un fundamento que es Jesucristo.
Muy a menudo releo la Meditación ante la muerte del Papa beato Pablo VI. En la parte conclusiva habla de la Iglesia y dice así: «Puedo decir que siempre la he amado […] y que para ella, no para otra cosa, me parece haber vivido. Pero quisiera que la Iglesia lo supiese». A estas alturas, ¡cuánto me gustaría que estas palabras del Papa con el que entré en el seminario fuesen las que configurasen mi vida! Así se lo pido al Señor para mí y para todos vosotros los cristianos. Pero además, continúa diciendo el beato Pablo VI, «querría abrazarla, saludarla, amarla en cada uno de los seres que la componen, en cada obispo y sacerdote que la asiste y la guía, en cada alma que la vive y la ilustra; bendecirla […] Y, ¿qué diré de la Iglesia, a la que debo todo y que fue mía? Las bendiciones de Dios que vengan sobre ti; ten conciencia de tu naturaleza y de tu misión, ten sentido de las necesidades verdaderas y profundas de la humanidad; y camina pobre, es decir, libre, fuerte y amorosa hacia Cristo» (Pablo VI, Meditación ante la muerte). Este quinteto tiene cinco partes y las notas de la partitura tienen un ritmo que han marcado mi vida. Es la Iglesia en camino:
Primera parte: mi familia y Santander (Cantabria). Doy gracias a Dios por la familia en la que nací y por la tierra que me dio aposento y me regaló modos y maneras de ser y de actuar; marcaron mi vida. Dentro de la familia pude experimentar lo más bello de la Iglesia, de la Iglesia doméstica. Con mis padres y mis hermanos aprendí cómo el amor mismo de Dios se ha derramado en mi vida en el Bautismo; experimenté un amor humano, sensible, afectuoso y misericordioso como el de Cristo. ¡Cómo marca la vida la transmisión de la fe y del amor del Señor, para hacernos libres y responsables, para entender que toda persona es digna de ser amada! Y en mi tierra, con sus tradiciones religiosas y su devoción a la Virgen en su advocación de la Bien Aparecida, la Iglesia me dio todo: desde la vida misma a la que mis padres me engendraron, a la vida en el Bautismo, la Confirmación, la Eucaristía, el ministerio sacerdotal. El obispo que me ordenó y con el que tanto aprendí, don Juan Antonio del Val, marcó mi vida.
Segunda parte: Orense. Si tuviese que resumir en una frase todo lo que allí aprendí, os diría que junto a todos los orensanos viví que la Iglesia es la esposa real de Cristo; Él la ha conquistado para sí y lo hace al precio de su vida, «se ha entregado a sí mismo por amor a ella» (Ef 5, 25). ¿Hay una demostración más grande de amor? Pero es que además está preocupado por su belleza, no solamente por la adquirida por el Bautismo, sino por la que tiene que mostrar cada día por su vida intachable. ¡Qué cinco años! Jamás los podré olvidar, allí me enseñasteis a dar los primeros pasos de pastor, sintiendo la cercanía de Santa María Madre y de la Virgen de los Milagros.
Tercera parte: Oviedo. Durante los siete años que estuve allí fui a visitar a la Santina de Covadonga todas las semanas, sin día fijo, a veces a altas horas de la noche, cuando todos dormían, y en silencio la miraba desde el pozón, pidiéndole siempre que me diese el don de cooperar con Jesús en la instauración del Reino de Dios, es decir, en su señorío benéfico portador de vida y de vida en abundancia para toda la humanidad. En aquel bellísimo lugar se había fraguado una llamada a instaurar la vida y derribar la muerte, que aniquila y destruye a los hombres. Allí entendí que en la humildad de ser Iglesia, de vivir cada día el Evangelio, crece el gran árbol de la vida verdadera. ¡Qué fuerza tiene Covadonga! Asturias da capacidad de entrega, de servicio incondicional, de comprensión, pues en aquellas montañas te sientes humilde y la Virgen te anima para que, en la humildad de la Iglesia, en la pobreza de nuestra vida, podamos ver la presencia de Cristo que Ella nos ofrece y que nos otorga la valentía de salir a su encuentro y hacer presente en esta tierra su amor y difundirlo por todas partes. Asturias siempre regala impulso para salir, compromiso misionero que transforma.
Cuarta parte: Valencia. Siempre dije que Nuestro Señor, me había regalado el traje a mi medida: el Santo Cáliz y la Mare de Déu dels Desamparats eran expresión de ese traje. Uno aprende que la Eucaristía causa la Iglesia. Que la Iglesia vive de la Eucaristía; en ella se hace presente el sacrificio redentor de Cristo, quien se nos entrega, nos edifica permanentemente como su cuerpo y nos compromete a vivir en la comunión. La Eucaristía es constitutiva del ser y actuar de la Iglesia. Ella nos entrega, como fuente y culmen de la vida cristiana, el modo en el que tenemos que pensar, hablar y actuar en el mundo, renovando la historia y vivificando la creación. Y por otra parte, junto a la Mare de Déu dels Desamparats, aprendemos el verdadero significado de la misericordia y comprendí que la Iglesia tiene que seguir siendo comunidad que escucha y anuncia la Palabra.
Quinta parte: Madrid. Está siendo un tiempo de gracia en mi vida. La riqueza eclesial es grande, las presencias de la Iglesia son significativas en todos los campos y en todas las situaciones de los hombres. Como toda gran ciudad, cada día es más cosmopolita, pero guarda las raíces que la vieron nacer. La fe cristiana constituye un fuerte vínculo en el que se enriquece el encuentro entre todos. Con el Papa san Juan XXIII podemos decir que la convivencia en esta gran ciudad se apoya en cuatro pilares en los que la Iglesia tiene un compromiso especial: el amor, la verdad, la libertad y la justicia. ¡Qué fuerza tiene en la convivencia el amor evangélico, es decir, el amor a Dios y el amor a los hermanos!
Además, el Plan Diocesano de Evangelización está siendo una llamada fuerte a vivir lo que fue constitutivo de la Iglesia desde sus comienzos: «Los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común; vendían sus posesiones y bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2, 44-45). Y la presencia de la Virgen en su advocación de la Almudena, como patrona de la archidiócesis, es un reclamo a construir lo que Jesús vino a traer, la cultura del encuentro. Ella apareció escondida en un muro, derribó muros. Ella es maestra singular en crear comunión y comunicación entre los hombres, en eliminar toda clase de separaciones.
Con gran afecto, os bendice,
Tomado de: