El pensil de Maria

Empezamos una serie de artículos basados en las reflexiones y comentarios de santos y creyentes devotos de Nuestra Señora que se editan diariamente en “Un minuto con María” en internet en la dirección
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150 Avemaría en referencia a los 150 salmos

La práctica del Rosario remonta al siglo XI, en la época en la que los religiosos iletrados recitaban el Pater y el Ave en lugar del oficio. Estos monjes no sabían leer así que recitaban 150 Avemaría, en referencia a los 150 Salmos, era el Salterio de María. El dominicano Alain de la Roche va a propagar el rezo del Rosario en el Siglo XV.

El rosario de los católicos, compuesto de cuentas agrupadas en cinco decenas, es el objeto que les sirve para recitar el Rosario que comprende los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos.

La palabra “rosario” viene del amor cortés. El rosarium, que quiere decir campo de rosas, designaba el grupo de poemas que un caballero dedicaba a su dama. Saludar a María con el Avemaría, es ofrecerle rosas mientras meditamos con ella el Evangelio.




El bien no hace ruido…

¡El bien no hace ruido! 
¡Cuando una flor brota, en el momento que el sol sale… 
cuando el mar se calma al bajar el sol, 
cuando sopla el viento, 
en la hora en la que una mano sustenta la otra… 
nada de todo esto hace algarabía para hacerse notar de su existencia! 
¡Es, porque el bien, para ser perfecto, tiene sólo que suceder!




Santa Teresa




 




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Oración para la acción.

Señor, danos la sabiduría
que juzga desde arriba y ve a lo lejos
danos el Espíritu que omite
lo insignificante en favor de lo esencial.
Enséñanos a serenarnos
frente a la lucha y a los obstáculos
y a proseguir en la fe, sin agitación
el camino por tí trazado.
Danos una actividad serena
que abarque con una visión
unitaria, la totalidad.
Ayúdanos a aceptar la crítica
y la contradicción
Haz que sepamos evitar
el desorden y la dispersión.
Que amemos todas las cosas
juntamente contigo.
Oh Dios, fuente de ser,
únenos a Tí
y a todo lo que te converge
hacia la alegría y la eternidad
Amén.

P. Larrañaga