EL PEDIDO DE SANTO SÚBITO DURANTE EL FUNERAL DE BENEDICTO XVI

02/25/2023

 La pancarta y los gritos de santo súbito fueron protagonistas en el funeral de Benedicto XVI. La petición ha ido circulando desde su fallecimiento, pero, según el profesor Alberto Melloni, no será resuelta de forma inminente.

El jueves 5 de enero, cuando el reloj de la plaza de San Pedro marcaba las 8:50 horas, se abrieron las puertas de la basílica de San Pedro y doce sediarios vaticanos portaron a hombros el ataúd de Benedicto XVI entre aplausos y gritos de «santo súbito!» (santo ya). Durante el funeral también pudo verse una pancarta con el mismo mensaje.

No «hay línea de alta velocidad que lleve a la santidad».

Sin embargo, será difícil que el clamor popular sea satisfecho con un certificado de santidad exprés. «No se hará más rápido que el proceso de san Juan Pablo II, que murió en 2005 y fue canonizado en 2014», explica el profesor Alberto Melloni, secretario de la Fundación para las Ciencias Religiosas de Bolonia. El cardenal Saraiva Martins dirigió en mayo de 2005 los primeros pasos de la beatificación, tan solo un mes después del fallecimiento del Papa polaco. Nueve años más tarde subió a los altares. «Wojtyla batió el récord de celeridad en el proceso, pero no ha sido lo habitual», asegura en conversación con Alfa y Omega. De hecho, en 1983 se estableció que el proceso de canonización no puede abrirse hasta pasados cinco años de la muerte. Con Benedicto XVI no será distinto, añade Melloni, que incide en que no «hay línea de alta velocidad que lleve a la santidad». De hecho, afirma que no será el Papa Francisco quien canonice a su antecesor.

De los 264 Papas que ha habido en la Iglesia —algunos moralmente reprobables— solo 89 han sido santos o beatos. «Había una tradición que proclamaba santos a todos los Pontífices de la Edad Antigua, pero después de Pío V, elevado a los altares 150 años después de su muerte, no hubo más canonizaciones. Esto cambió drásticamente con Pío XII, que canonizó a Pío X en 1954, 36 años después de su muerte. Juan XXIII tuvo que esperar cinco décadas», expresa.

El experto enfatiza que «cuando la Iglesia canoniza a un Papa, en realidad canoniza su persona, no su pontificado», porque la infalibilidad pontificia pocas veces equivale a un estilo de gobierno «impecable», ni tampoco asegura en modo alguno el mejor acierto de cada uno de los actos de un Sumo Pontífice. Por esta razón la Iglesia no canonizaba a los Papas: «No interesaba hacerlo. La santificación de alguien pretende mostrar un modelo de vida cristiana para las personas comunes, y es difícil que alguien se sienta identificado con un Papa o que haga la vida de un Papa». «Es un terreno resbaladizo, pero será difícil echar el freno. Seguramente serán canonizados tanto Benedicto XVI como Francisco, porque también sus predecesores han sido canonizados. Todos los Papas bajo los cuales ha vivido como sacerdote el actual Papa son santos», incide.

Con todo, el experto avisa de que la santidad papal puede acabar usándose como un arma política: «Podría acabar polarizando a la Iglesia, creando grupos a favor y en contra. Y esto Ratzinger nunca lo quiso. Al revés, siempre quiso la unidad». Lo mismo sucede con el título de doctor de la Iglesia, para lo que se necesita primero ser santo.

Fuente: alfayomega.es

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